Consultorio Ecológico

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ING. ELEUTERIO MARTÍNEZ

P. Profesor, a propósito de SOECI, ¿es Diego de Ocampo un modelo de gestión compartida en la República Dominicana?

R. Todos los modelos de co-manejo implementados en el país, comenzando por Diego de Ocampo, han sido exitosos. Esta modalidad de gestión de las “unidades de conservación”, entre el Estado y Organizaciones Especializadas de la Sociedad Civil, día a día gana espacios cada vez más relevantes en el mundo, donde nosotros no somos la excepción.

La Sociedad Ecológica del Cibao, la primera organización ecologista del país, que abrió sus ojos al mundo de la conservación de la naturaleza en 1976, nació para cuidar al Diego de Ocampo y el Yaque Dormilón, símbolos naturales del Primer Santiago de América, hoy exhibe con orgullo la integridad física y ecosistémica mejor lograda, para un Área Protegida como “Monumento Natural (Categoría III de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), dentro del SINAP.

También es evidente el éxito del “Grupo Jaragua” al frente del parque nacional que lleva su nombre y el Parque Nacional Sierra de Bahoruco más recientemente (amenazado por las siembras de aguacate, papas, zanahorias y remolachas entre otras hortalizas e históricamente diezmado por los incendios forestales).

Lo propio podría decirse de la Fundación Progressio con la Reserva Científica de Ébano Verde y la Fundación Loma Quita Espuela con otra reserva científica, al igual que SODIN, igualmente con la Reserva Científica Miguel Canela Lázaro.

Bajo esta misma modalidad se gestionan los monumentos naturales Salto El Limón y Saltos de Damajagua, todos con grandes logros para la Sociedad dominicana y para el país, pues se trata de instancias civiles sin fines de lucro y especializadas en su campo, donde la mayor ganancia es para el Estado Dominicano, por el peso enorme que implica sostener la integridad ecosistémica de 128 unidades que tiene el Sistema Nacional de Áreas Protegidas.

De los 45 años de SOECI, 33 han sido dedicados al pico Diego de Ocampo, con el firme propósito de conservar el bosque nublado (precipitación horizontal) y la inmensa alfombra de manaclares que tipifican la cuarta zona de mayor endemismo que le queda a la República Dominicana y la Isla La Hispaniola, cuyo valor para el mundo de la botánica, comenzó a identificar el Dr. José de Jesús Jiménez Almonte, miembro fundador de la Academia de Ciencias de la República Dominicana.