Profesor, a propósito de tierras raras, ¿Cuál es la mayor riqueza que atesora la Sierra de Bahoruco?
R. La biodiversidad, sin dudas. Ciertamente, la Sierra de Bahoruco es un tesoro y la mejor y auténtica forma de evaluarla, reside, precisamente, en la diversidad de formas, clases o tipos de seres vivos que allí se encuentran.
Cuando una estrella brilla con luz propia, no hay forma de ocultar su resplandor y su belleza. Son tantos los elementos que se conjugan en este entorno geográfico, que a nadie debe sorprender que allí la vida florezca sobre tierras raras y aunque ella permaneciese oculta por tanto tiempo, era imposible que la verdad permaneciera oculta indefinidamente ante los ojos de ciencia.
La Sierra de Bahoruco es tan rara, que hasta hace muy poco tiempo geológico, entre 1.5 y 2 millones de años atrás, era un islote denominado “Isla del Sur”, cuando el archipiélago que le dio origen a la Hispaniola, estaba desapareciendo y un brazo de mar, la separaba del resto de las tierras emergidas.
Precisamente, como remanente de ese canal marino tenemos al Lago Enriquillo, un rincón de la prehistoria con iguanas, cocodrilos y aves que surcan los continentes. De hecho, en la Sierra de Bahoruco todavía anida el Diablotín, Pterodroma hasitata, un ave pelágica o de alta mar, compartiendo espacios con la Obolinga zanoni y la Magnolia hamorii, árboles que no han podido salir de la Isla del Sur.
Todo cuenta, porque es cuestión de peso y medida. Afortunadamente hay mil formas de aprovechar las riquezas naturales, privilegiando la vida, el tesoro de los tesoros o supeditando los apetitos a las leyes primigenias de la existencia y que nadie puede cambiar por meros antojos. Si vivimos de los intereses, el capital de vida permanecerá intacto indefinidamente.