Contrastes entre dos candidatos

JOSÉ BÁEZ GUERRERO
j.baez@codetel.net.do
  Lo del martes pasado, con el Presidente Fernández siendo entrevistado por un canal de televisión al mismo tiempo que en otro lo era Miguel Vargas Maldonado, es quizás lo más cerca de hemos llegado a tener el cacareado debate electoral. Pocas ocasiones ha habido tan oportunas para comparar ambas ofertas electorales. Curiosamente, pese a sus respectivas fortalezas y debilidades, uno y otro se ha referido, más de una vez, a lo que llaman la necesidad de fortalecer nuestras instituciones.

 Frecuentemente gente inteligente dice que hace falta “institucionalizar” más al país. Parece que se quieren más instituciones, entidades dedicadas a cuidar los fundamentos de la sociedad, y cuando no se trate de organismos propiamente, de convenios sociales como el matrimonio. Ya ni se piensa al insistir en que debemos “institucionalizarnos” más; es un mantra integrado a la sabiduría popular. Seré rosca-izquierda, pero digo que no. Necesitamos menos instituciones, y mejores ciudadanos.

 Ya poseemos algunas venerables instituciones antiquísimas: la más vieja universidad, el cabildo de Santo Domingo, una asociación médica más vieja que la buena salud, una prensa más que centenaria (cuya edad triplica la de la democracia). Sin embargo, la UASD es más famosa por razones distintas a la excelencia profesional; el Ayuntamiento de la capital podría abolirse sin mayores consecuencias; el colegio de los médicos es notorio por sus huelgas, pero nadie recuerda su último aporte a la ciencia médica; la prensa la podrán juzgar los lectores …

 Muchas deficiencias enormes de nuestra sociedad tienen su origen en la dificultad de transmitir valores de una a otra generación, pues el crecimiento de la población de las ciudades ha significado que muchísimos jóvenes llegan a la adultez como si fuesen hombres primigenios. Al criarse cimarronamente, influidos por la falta de orden y disciplina tan común en los hacinados enclaves de la marginalidad, cuando salen a integrarse hay un choque. Estos ciudadanos crecen y se forman sin ley: sin ser declarados correctamente al registro civil; sin educación escolar básica; sin noción de que la ley, y no la fuerza, es la fuente de los derechos; sin temor a consecuencias sociales o legales por sus acciones. Es otro mundo, y cada día son más.

 Volviendo al “debate” del martes: ¿no contribuyen más a formar buenos ciudadanos, instituciones como la FUNGLODE de Leonel, que las casas campestres de Vargas Maldonado y don Hipólito? ¡Qué debate!