Control sanitario en la frontera

Los coordinadores de la asistencia a los damnificados de Haití han advertido la necesidad de prevenir una crisis sanitaria que podría propagar paludismo, cólera y otras enfermedades. Estos temores son alentados por el caos predominante en los refugios que albergan a sobrevivientes del sismo que hace veinte días causó muerte y destrucción en Puerto Príncipe, la capital, y varias poblaciones haitianas.

Hay poco control sobre la forma en que los damnificados manejan el agua de consumo y disponen de las excretas. En algunos campamentos se han instalado retretes portátiles a razón de uno por cada dos mil refugiados. Eso obliga a muchos a utilizar aguas corrientes y otros lugares para satisfacer sus necesidades fisiológicas. El número de casos de diarreas detectados en centros asistenciales ha ido en aumento.

Ante esa situación, lo aconsejable es imponer controles sanitarios especiales en la frontera. Era previsible que ante una catástrofe como la ocurrida en Haití, aumentara el flujo migratorio hacia nuestro país. Si los riesgos sanitarios aumentan en Haití por el caos predominante en los campamentos, falta de facilidades sanitarias y otras causas, es previsible que esos riesgos también aumenten para la parte dominicana, por la densidad del flujo migratorio. Es aconsejable la  prevención.

Prácticas desleales

La Cámara Administrativa de la Junta Central Electoral tiene constancia de que algunos partidos políticos se valen de artimañas para impedir que militantes femeninas puedan impulsar sus aspiraciones a cargos electivos. José Angel Aquino, miembro de esa cámara, declaró a este diario que se ha llegado al extremo de inscribir candidatos masculinos con nombres femeninos para crear la impresión de que se respeta la proporción del 33% de nominaciones femeninas que fija la Ley Electoral.

Se trata de prácticas desleales que desnudan la conducta de organizaciones que deberían predicar con  ética. Hace poco la Junta debió ratificar la disposición legal sobre las proporciones de candidatos de uno y otro sexo. Pero si condenables son estas prácticas desleales de los partidos, también lo es el hecho de que no se conozca caso alguno de castigo por este proceder. Es otra justificación más para apresurar la aprobación de una Ley de Partidos.