Convocados por la desgracia

Llama poderosamente la atención ver cómo los ojos del mundo se han concentrado en Haití después del día 12 de enero del 2010.

La gran realidad es que tuvo que producirse un fuerte terremoto, de magnitud 7,3 en la escala Ritcher, para que esto fuera posible.

Antes de eso, su realidad estaba ahí, ante la vista de todos, pero a nadie llamaba mucho la atención.

Se sabía que era la nación donde la gente sufría hasta más no poder.

Allí existía un 80 por ciento de personas que vivía en la pobreza y más de un 50 por ciento en la extrema pobreza.

Su desarrollo estaba extremadamente limitado por la poca preparación de la población, por los problemas políticos, sociales y económicos.

Su deuda externa llegaba casi a los mil millones de dólares.

Sin que hubiera muchos resultados, algunos líderes, especialmente en República Dominicana, se reclamaba ante las naciones poderosas que fueran en auxilio de Haití.

Pero a pesar de haber sido colonia explotada de muchos países hoy desarrollados, no había planes serios y responsables a favor de los haitianos, quienes veían cómo se les cerraban las puertas de las fronteras y de las ayudas.

El problema querían dejárselo sólo a una República Dominicana que sufría la carga de más de dos millones de haitianos que venían de todas formas para granjearse la vida.

Por reclamar fuimos acusados de inhumanos e injustos ante los organismos ante el mundo.

Después del sismo, el panorama ha cambiado.

Hoy podría considerar a Haití como la nación de la solidaridad humana.

La muerte de unas 200 mil personas y la peste han llevado a ver fotos  enternecedoras de soldados, médicos y trabajadores sociales con niños negros en sus brazos y sosteniendo a menesterosos.