Corchos y pensionados

Eusebio Rivera Almodóvar

No recuerdo cómo, cuándo ni quién reflexionó frente a mí sobre el hecho de que en muchas instituciones gubernamentales existen empleados o funcionarios que pueden ser calificados como “corchos” porque sobreviven en sus posiciones a pesar de los cambios de gobierno y remociones de ministros, gerentes, directores y encargados, lo que no puede ser explicado por su currículo, eficiencia o educación continuada y son vistos como corchos por su capacidad para “nadar en todas las aguas”.
La sociedad conoce a cabalidad esos personajes y mencionándolos podría ganarme enemigos que no necesito ni quiero en esta época de mi vida, pero actualmente algunos ocupan importantes posiciones en ministerios y otras instituciones gubernamentales, son “opinistas” profesionales en la prensa escrita, radial y televisada, y su “indispensabilidad” podría estar asociada con su capacidad de intervención en maniobras que los ladrones gubernamentales tienen que encubrir y ellos sirven de mensajeros, testaferros, guardadores de secretos que pasan de funcionario saliente a funcionario entrante, siendo compensados con su permanencia o promoción en las instituciones obteniendo beneficios económicos sorprendentes que podrían ser excelentes puntos de partida para iniciar investigaciones sobre corrupción.
El que pasa muchos años en una institución estatal y acumula méritos en base a su formación y eficiente servicio, no como un corcho, puede que al final consiga un acto de reconocimiento, tal vez una medalla o placa de honor, saliendo igual de pobre que como entró, con una pensión miserable que no le alcanza ni para comprar medicamentos y ahora, con un seguro de salud cuya prima se la descontarán de su propia pensión; una rebaja en el pago proclamada descaradamente como un logro del gobierno. ¡Qué cachaza!