Corrección de pruebas y revisión de estilo (I)

Cuando reviso los resultados de un manuscrito que entregué para ser digitado, retengo las pruebas que se van sucediendo hasta el resultado final. Los empleo para verificar concentración y aciertos de quien me sirve en las faenas de la transcripción de materiales: artículo de prensa, capítulo de un libro, conferencia, material de apoyo etcétera.

En ocasiones, la persona que colabora conmigo ha tenido la curiosidad de preguntarme por qué conservo esas páginas sobre las cuales se hizo revisión y se anotaron allí las debidas correcciones, las cuales fueron ejecutadas.

He contestado que son materiales importantes para cuando dicto un curso sobre redacción y estilo, y dejo evidencias de cómo uno escribe, de lo que el otro entiende y los derroteros por donde nos ha podido conducir el pensamiento, de acuerdo a algunos símbolos bajo los cuales vivimos, que puedan estar cerca o no de lo que entiende al escribir por lo que internaliza quien transcribe el material entregado.

Cuando trabajo en otro orden, quiero decir, cuando reviso una redacción ajena (esto viene generalmente a computadora), con pocas o con muchas páginas, lo primero que hago es comprobar la numeración de páginas, ver si falta alguna o si hay una numeración errónea -saltada o repetida-. Ver orden y cantidad de párrafos. En las enunciaciones: letras mayúsculas o minúsculas:
A) B) C) D) E) ó a) b) c) d) e);
I II III V VI ó 1, 2, 3, 4, 5, 6.
Guión simple, para destacar, para no confundirme y poder localizar todos los “items” programados:
-nosotros no podremos…
-él, tú y yo
-aquellos…
-estos y estas…
-ustedes y ellos…
Así como todo rasgo que permita confiar en que nada de cuanto se haya destinado al modelo se pueda quedar afuera.

Algo que nunca olvido señalarle al que traspasa el “muñeco” es lo siguiente: Que el escritor que se sumergió en las profundidades de su creación encuentra, sin embargo, después de cada hoja o texto revisado, que hay que agregar, aclarar o mejorar algo o que puede suprimir cualquier idea que estime no bien investigada o no aclarada suficientemente. Y piensa, en ese momento, que debe suprimirla o que debe agregar esto o aquello.

Observamos a los colaboradores que inadvertencias que se observen no deben afectarlo, sino que les sirvan de experiencia para la superación profesional de su desempeño.

Pasemos entonces al material de nuestra responsabilidad. Estilo, gramática, ortografía, sintagma, enlaces, acentuaciones (lo que no se marca y lo que sí); puntuaciones tan importantes y tan descuidadas en muchas tareas. Alguna vez he tratado estos compromisos del escritor y del profesional que abraza los afanes de llevar las letras con la mejor vestidura posible.

Descuidos siempre los hay; inobservancia, desconocimiento, precipitaciones… ¡Vaya!
Alguna vez oí decir a Juan Bosch y a algún otro, que quien pretenda perfeccionar sus escritos una y otra vez, nunca podrá sacar un libro a la calle.

Con todo, por mi parte, les prometo que en la próxima entrega le pasaré el “rasero implacable de la gramática” a mi artículo anterior del domingo 15 de noviembre, 2015, intitulado “El lenguaje no es lógico, sino arbitrario”.