Corrupción: hija predilecta de muchos dioses

MARIEN ARISTY CAPITÁN

Ajeno, como si viviera lejos, pareciera enterarse de todo cuando el escándalo está servido. Entonces viene una comisión, un decreto, algún cambio… una medida que, repentina y “sorprendente”, llega para acallar las voces y tranquilizar el alma de los que se conforman con que el Presidente los vuelva a escuchar. ¿Qué eso, generalmente, no pase de ahí? ¡Da igual porque con chisme y circo buscan divertimos un buen rato!
Por eso, a pesar de la muerte de David Rodríguez y otras bellezas que le precedieron como las sobrevaluaciones de obras, el caso de la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (OISOE) quedó en el aire: fueron a la chirola un par de pendejos que, al final, fácil salen librados.
A un año y cuatro meses del suicidio de David en un baño de la Oisoe, los periodistas Luis Manuel Medina y Leo Martínez son asesinados a causa de otro caso con los mismos matices: una mafia que estafa compradores de terrenos del Consejo Estatal del Azúcar (CEA).
Tanto en el Cea como en Oisoe todo el mundo sabía qué pasaba. Es como lo de Odebrecht: hace tiempo se denunció que sobrevaluaba los proyectos -como Punta Catalina- pero el Gobierno construyó de todas formas: ahora, con el lío armado, ¡venga comisión (como siempre)!
¿Esperaremos un desenlace fatal para “acabar” con cada chanchullo estatal? Vale ver las fortunas de muchos funcionarios para saber que el dinero ha corrido más de la cuenta. Aunque es muy obvio nadie los investiga porque son dioses omnipresentes y omnipotentes. La corrupción, esa niña coqueta que todo lo puede, solo es su hija predilecta.