Coyuntura no más

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Ahora resulta, según el pensar de algunos, que al asumir el compromiso de no buscar la reelección  presidencial de 2012,  el presidente Fernández podrá dedicarse,  no sólo a gobernar,  sino a bien hacerlo. Y uno se pregunta: ¿para qué se eligen los Presidentes?

De seguro que no es para que desayune en “La Francesa”, para andar de visita en visita con amigos y relacionados, para viajar, dictar conferencias,  participar en encuentros y cumbres  o para estar en aspiración y campaña permanente. Si el Presidente ahora se dedicará a su trabajo la pregunta sería entonces: ¿Y es que no lo ha estado haciendo? 

Se supone que el Presidente no anda de paseo en España, aunque haya tenido que comprar de urgencia un gran llavero para las llaves de ciudades que le han entregado. Estamos al borde de un colapso energético total, el gobierno no tiene dinero para pagar los 700 millones a las empresas del sector y se anda vadeando un déficit considerable que preocupa a los entendidos.  ¿Traerá algo?

Mientras tanto, el “pacto”  sigue siendo tema. Por lo pronto ya se empiezan a ver  sus efectos en la Asamblea Revisora. En otros ámbitos, las reacciones políticas fueron inmediatas: la migración oportunista  de unos reformistas que estaban sentados en el “garaje” a la espera del mejor postor. ¿Se creía de veras en la “reunificación”?

El acuerdo es a todas luces  pura coyuntura. La unificación de las elecciones, ya decidida,  favorece a cualquier Presidente -al que está y al que viene- pues elimina el enjuiciamiento de la gestión política dentro del periodo presidencial tal como se vio en las elecciones del 2002 y del 2006. Volvemos entonces  a turbinar los votos  hacia un Congreso muy “presidencial”. ¿Otra expresión de la “revolución democrática”?

La idea de la conjunción electoral fue del Presidente -parcialmente de la comisión que elaboró el anteproyecto. Demasiadas elecciones y demasiada politiquería. Ese fue el argumento simple y pueril. Pero el asunto no es de teoría, es de ganancia y control político.

Hay aquí que decir, con las mismas palabras presidenciales: nos daremos cuenta del error. Adiós elecciones tranquilas: la declaratoria de Presidente electo tendrá que esperar la resolución de las impugnaciones que afecten la sumatoria de votos.   

Pero donde el vaso rebosa es en el superperiodo ese de seis años para el Congreso y los Ayuntamientos. No se sabe  de quien salió la propuesta si del Presidente o del licenciado Vargas. Sería interesante que se diga. En el proyecto se había propuesto un periodo de dos años para el 2010 y uno normal de cuatro en el 2012.  Si no es que se dice una cosa y luego se hace  otra, la idea,  por forfait,  le cae a Vargas.

La única diferencia entre estas  travesuras de estiramiento del período de los  mandatos de los congresistas es el momento de actuarla: ahora o en las próximas elecciones de 2010. Lo demás queda igual: son ambas diabluras. ¿Por qué debemos todos abdicar ante la desfachatez argumental esa que en periodo de dos años  no se recupera la inversión?

En una de esas  “citas citables” siempre a mano, se usa de frecuente una de Churchill sobre una importante diferencia: el político actúa pensando en la próxima elección; el estadista lo hace pensando en la próxima generación. Queda a discreción de cada quien  colocar el rótulo que considere más adecuado.