Crean negocio de competencia carrera yates por todo el mundo

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Sir Robin Knox-Johnston, el primer hombre que en 1969 dio la vuelta al mundo a vela en solitario y sin escalas, ha creado un negocio de éxito de la competencia en carreras de yates por todo el mundo tras idear la Clipper Race en 1995, informa Nauta 360, una publicación para aficionados a la navegación y al mundo de la náutica.
En su décima edición de la Clipper Race, 690 tripulantes han pagado por ser entrenados y participar en la regata de Sir Robin. El billete cuesta entre 7.000 y 68.000 euros, dependiendo de si el neófito regatista escoge disputar una sola etapa o la vuelta al mundo completa.

Veterinarios, banqueros, estudiantes, médicos, directivos, ingenieros, empresarios, cocineros o artistas han dejado de lado sus profesiones para embarcarse.
De todos ellos, el 40% no había navegado antes. En total, más de 3.000 hombres y mujeres de entre 18 y 74 años se han alistado en las últimas dos décadas para navegar en barcos donde sólo los patrones son profesionales.

A nivel empresarial, Clipper Ventures, organizadora de la aventura, posee y gestiona una flota de 12 unidades valorada en 15 millones de euros.

“El patrocinio de cada barco cuesta dos millones de euros y no faltan compañías dispuestas a desembolsar esas cantidades a cambio de una eficaz exposición de sus marcas en los medios de comunicación e internet. Casi la mitad de la flota luce en los cascos y velas pegatinas de puertos donde la competición hará escala”, indica la publicación..

Según explican desde la organización, un patrocinador de la anterior edición procedente del sector financiero calculó que su campaña en la Clipper Race generó “nuevos negocios” por valor de 100 millones de euros.
A nivel mediático, la regata tenía una audiencia potencial en los medios de 900 millones de personas en la última edición.

“Las dos principales fuentes de ingresos de la prueba son los tripulantes, que pagan por participar, y los patrocinadores, pero también hay un trozo del pastel para los puertos”, explica. Cada escala (los veleros atracan en varios puertos en algunas etapas) supone una operación logística que supera el millón de euros, pero sobre el papel el retorno está asegurado. El alcalde de Londres, Borin Johnson, asegura que acoger la salida y la llegada de la regata produce un impacto económico de 50 millones de euros para la ciudad.

Antes de echarse al mar, la organización de la competición se encarga de adiestrar a todos los grumetes durante cuatro semanas.