Crece club de Michelle Obama

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PROVIDENCE, Rhode Island, EE.UU. AP Una cuarentona visiblemente emocionada se le acerca y le dice: “Firma mi Biblia. Te lo imploro”.  La estrella no se inmuta. Con una sonrisa, toma el libro con sus manos inmaculadamente cuidadas y estampa sus iniciales. 

La mujer, Nzati Mbengi, no lo puede creer. Tiene un autógrafo de nada menos que Michelle Obama.  La esposa de Barack Obama está generando una devoción digna de una roquera. Es una situación inesperada para una mujer de 44 años que dice ser una persona común y corriente, de origen humilde, que enfrenta los problemas típicos de toda madre que trabaja.  Jamás pensó llegar a donde llegó. “Yo no debería estar aquí”, dice en sus presentaciones.  Pero está. Fue incluida en la lista de personalidades que mejor se visten de la revista Vanity Fair, vive en una mansión de 1.650.000 dólares y acaba de dejar un trabajo como ejecutiva de un hospital en el que ganaba 212.000 dólares al año para acompañar a su marido en la campaña .

Su sentido del humor

Cuando a los admiradores se les pregunta qué es lo que más les gusta de ella, mencionan su sentido del humor, su inteligencia, su categoría. Y, sobre todo, el hecho de que se maneja en la realidad.  Uno podría pensar que se beneficia de la popularidad de su esposo. Pero en muchos actos aparecen carteles en los que se menciona solo su nombre. Y la gente responde de una manera especial a sus palabras. Cuando se presenta sola, arrastra hasta 2.500 personas a los actos. 

 “No es una muñeca de plástico que puede hablar”, afirmó Kimberly Sorrell, de 41 años, mientras espera la llegada de la esposa de Obama al Community College de Rhode Island en Warwick. “Es una persona real”.  Por momentos, demasiado cándida, al punto de que le creó una situación incómoda a su esposo.