Crisis de la educación

La escuela dominicana está al borde del colapso. Es notorio el déficit de aulas, mobiliarios, equipos y materiales didácticos. Indicadores como tasas de escolarización, de promoción, de deserción, y de repitencia alcanzan ya niveles alarmantes.

El problema de la desigualdad de oportunidades educativas aquí se ha agravado mucho en los últimos años.

Es cierto que hoy tenemos escuelas públicas y colegios privados muy bien dotados y servidos por profesores muy capacitados, la mayoría de ellos egresados de universidades. Y que los estudiantes de esos planteles disponen de la capacidad de poder expresarse en varios idiomas y de poseer un nivel de conocimiento muy superior al promedio. Pero, debido a que las escuelas y colegios de ese tipo no son tantas, son pocos los niños y jóvenes que tienen la oportunidad de acceder a esos centros.

Los liceos públicos Unión Panamericana, Víctor Estrella Liz y Estados Unidos de América, donde se ofrece una educación de la misma calidad que la que ofrecen los mejores colegios privados, no disponen en conjunto de cupo suficiente para satisfacer la demanda.

Lo mismo ocurre con los politécnicos públicos regenteados por religiosos (los mejores establecimientos docentes con que cuenta el país) y con las escuelas y liceos experimentales adscritos a las universidades UASD, INTEC y UNPHU.

Los resultados de las últimas evaluaciones dan cuenta que colegios como el Saint George, Nuestra Señora de la Altagracia, Don Bosco, New Horizons, Santa Rita y otros están a la altura de sus pares extranjeros. Pero además de que son pocos, resultan demasiado caros de manera que sólo los hijos de padres muy ricos pueden cursar estudios en esos planteles.

La educación dominicana está segregada: de una suma cercana a los 3 millones de estudiantes matriculados, apenas un 2% de ellos acceden a una enseñanza de calidad.

¿Están concientes nuestros gobernantes de lo perjudicial que resulta para la convivencia democrática el tener, a la altura del siglo 21, una escuela segregada?

Hace unos días, el doctor Angel Hernández, subsecretario de Educación, declaró a los medios de comunicación que, este año, alrededor de 200 mil niños habían quedado fuera de las aulas por falta de cupo.

El doctor Angel Hernández se refirió a los niños que acompañados de sus padres se presentan a los locales escolares demandando ser matriculados.

El destacado educador no aludió a los otros, a los más, a los que no les interesa aprender. A los que, abandonados por sus progenitores, se ven en la necesidad de, a edad muy temprana, ingresar al mercado laboral.

En realidad, más de 700 mil niños y jóvenes continúan estando fuera de las aulas por falta de cupo o por los problemas económicos que les afectan tanto a ellos como a sus padres.

Aquí son más los jóvenes de edades comprendidas entre los 18 y 23 años que no estudian que los que estudian.

Menos de 200 mil dominicanos cursan estudios en universidades, en momentos en que la población de universitarios debía sobrepasar los 800 mil estudiantes.

La República Dominicana es uno de los países menos escolarizados de la América española.

El sistema de instrucción pública de nuestro país es uno de los peores financiados del mundo.

Los rezagos de República Dominicana en materia de educación se expresan en el bajo promedio de escolaridad de la población que es de apenas 4 años de educación básica, en el alto índice en analfabetismo en su población de adultos y en la baja capacidad tecnológica de su mano de obra.

Lamentablemente, el tema de la educación no es prioridad en la agenda del presidente Hipólito Mejía.

Al frente de la Cartera de educación, la doctora Milagros Ortiz Bosch ha probado ser una buena gerente. Pero, al no poder contar con recursos suficientes, es poco lo que ha podido hacer para mejorar el sistema.

En los últimos dos años, más de seis mil millones de pesos del presupuesto de la secretaría de Educación fueron a dar a las secretarías de Educación de las Fuerzas Armadas, Deportes y Obras Públicas. Y, en lo que va del año, esa dependencia estatal apenas ha recibido el 72% del presupuesto que tiene consignado en la Ley de Gastos Públicos.

Los miles de millones de pesos y los cientos de millones de dólares que se invirtieron en el montaje de los Juegos Panamericanos más costosos y maravillosos de la historia, contribuyeron a imposibilitar el que se aprovechara los meses de vacaciones para construir nuevas aulas y para mejorar las existentes. Durante esos meses, casi todos los recursos del gobierno del presidente Mejía fueron invertidos en la celebración de la fiesta panamericana.

Está contemplado en leyes, el porcentaje del gasto público que el Estado dominicano deberá dedicar, año tras año, al sostenimiento de la educación inicial, básica, media y superior. Pero, por falta de visión de futuro de parte de casi todos los gobiernos que se han sucedido desde la desaparición de Trujillo hasta la fecha, esas leyes han sido y son letras muertas en cuanto al financiamiento de la educación se refiere.

Y hoy hay señales de que pueda mejorar la grave situación por la que atraviesa la escuela dominicana.