Criterios equivocados sobre el endeudamiento

LEANDRO GUZMÁN
Están equivocadas las voces que se oponen a nuevos préstamos internacionales bajo el argumento de que el país está demasiado endeudado. La realidad es que la República Dominicana carece actualmente de suficientes recursos económicos para emprender planes de desarrollo de envergadura, razón por la cual en alguna parte hay que buscarlos o de lo contrario mantenernos al margen del progreso, aislándonos de los acelerados cambios que se producen actualmente en un mundo globalizado.

Hay determinados compromisos económicos que fueron o son asumidos para financiar proyectos cuyo retorno de beneficios no es compatible con los intereses y amortizaciones a pagar ni contribuyeron lo suficiente como para justificar esas cargas. Pero, como el compromiso está, no hay más remedio que aceptar esas deudas, tratando de negociarlas lo mejor posible para que sean menos onerosas.

La reciente firma de un acuerdo con Venezuela nos permite un respiro en la factura petrolera, porque nos garantiza un suministro de un 25 por ciento de ella y nos alivia un poco ante el virtual estancamiento que ha tenido el Acuerdo de San José, en el que México participa ahora con otras condiciones de difícil cumplimiento. Esperamos que eso sea superado a corto o mediano  plazo.

Uno se pregunta si seguiremos endeudándonos simplemente para comprar combustibles que se consumen sin destinarse a grandes proyectos de desarrollo, o si por el contrario deberíamos continuar por esa ruta siempre que los fondos sean destinados a la construcción, para citar un solo caso, de grandes obras hidroeléctricas todavía sin ejecutar y que tan necesaria son para no depender tanto del petróleo.

Los planificadores saben que los proyectos hidráulicos producen lo que se llama “energía limpia y sana”, acorde con los requerimientos internacionales de protección al medio ambiente. Pero además saben que esos proyectos permiten el desarrollo de vastas áreas agrícolas hoy día carentes de riego, suministro de agua potable a poblaciones que la necesitan y control de avenidas que se producen en las épocas ciclónicas que cada año afectan de alguna manera a la nación dominicana.

Hay que convenir en que un préstamo internacional, bien utilizado, podría incluso incluir partidas para programas masivos de reforestación, especialmente en las cuencas hidrográficas donde existen o hay planificadas obras hidroeléctricas.

Es precisamente a causa de la deforestación que se ha reducido hasta en un 50 por ciento la vida útil de las presas construidas en las principales cuencas hidrográficas del país, debido a la alarmante acumulación de sedimentos arrastrados por las lluvias, que no encuentran árboles que le permitan infiltrarse en el subsuelo y escurrir limpiamente hacia los ríos que han sido represados.

El desarrollo se fundamenta en proyectos cuya factibilidad determina que la inversión se recupera a corto y mediano plazo. Se ha demostrado que la mayor parte de las obras hidráulicas en operación han devuelto con creces las inversiones realizadas, al generar beneficios relacionados con la agricultura, el suministro de agua potable y saneamiento urbano, pero además con la energía producida con un mínimo costo.

El avance del país, en estos momentos, no puede depender exclusivamente de las inversiones de capital que se producen con recursos propios. Es necesario contar con otras fuentes, nacionales e internacionales, para motorizar proyectos que tengan impacto en la economía y el empleo. No debemos olvidar que el año próximo China Continental -un gigante que despertó- tendrá las puertas abiertas para exportar textiles a los Estados Unidos, libres de gravámenes, lo que constituye una verdadera amenaza para nuestras Zonas Francas. Incluso se habla de la posibilidad de que, si esto ocurre, no menos de 50,000 empleos se perderán en la República Dominicana.

Tenemos que estar con los ojos bien abiertos ante los cambios que se avecinan. El mismo presidente de la República ha dicho que tenemos incluso que llegar a un gobierno electrónico, donde predomine la tecnología. Pero no debemos hacernos muchas ilusiones al respecto, puesto que ese será un proceso lento, mientras rápido es el avance de la pobreza que hay que enfrentar.

Si carecemos de recursos nacionales para impulsar proyectos concretos de desarrollo -no gastos superfluos que a nada conducen- tenemos que convenir en que es imprescindible y necesario apelar a los recursos externos para lograr objetivos que contribuyan a la grandeza nacional.

Naturalmente, cualquier tipo de negociación que se haga tiene que ser estrictamente transparente ante la sociedad, para que nos metan gato por liebre.

Si para esto es necesario crear nuevas instituciones que garanticen esa transparencia, pues que se hagan, porque finalmente el pueblo es quien saldrá beneficiado.