Crónica de un auto de “no ha lugar” anunciado

Pedro René Almonte Mejía.

Meses pasaron y una población pendiente a cada detalle del proceso, donde cientos y cientos de folios presentaban pruebas de cada hecho cometido por el imputado, pero nada de esto fue suficiente para encontrar indicios de culpabilidad. Entonces nos preguntamos: ¿Dónde está la verdad? La imposibilidad de acceder a algunos conocimientos de la verdad es uno de los aspectos de este acontecimiento que más llaman la atención, ya que deja sin aclarar un aspecto fundamental: ¿cómo sale incólume de un juicio, alguien que a todas luces no ha podido demostrar la obtención de su inmensa fortuna? Se le escucha decir que tiene dinero porque ha trabajado duro y no lo ha malgastado en fiestas y bailes, ¿pero es una burla o habla en serio?

En esta coyuntura que vivimos no podemos conformarnos con sentir indignación, hay que demostrarla. Por un lado, gente que le ha costado muchísimas horas de trabajo y sacrificio lo poco o mucho que tienen, por otro lado hermanos dominicanos que no tienen absolutamente nada y por otro, un selecto grupo que ha logrado enriquecerse de manera ciertamente fácil, con total impunidad y restregando con descaro dicha riqueza a un pueblo que necesita tanto y que tiene tan poco.

Nadie con cierto criterio podía pensar que el juez Alejandro Moscoso Segarra iba a establecer una decisión desfavorable a Félix Bautista, muy por el contrario, a éste último le ha de deber en parte el pertenecer a la Suprema Corte de Justicia. Así como en la novela de Gabriel GarcíaMárquez (El Gabo) “Crónica de una muerte anunciada”, donde los hermanos Vicario anunciaron a todo el pueblo que matarían a Santiago Nasar por la deshonra de su hermana Ángela, que de hecho lo hicieron; donde algunos en el pueblo no creyeron que lo hicieran y los que creyeron no pudieron hacer nada para evitar la muerte de Santiago, de esta misma forma el auto de  no ha lugar de Félix estaba anunciado.

Digna es la posición del procurador general de la República, Francisco Domínguez Brito, que dice que seguirá su lucha contra la impunidad y la corrupción; pero no debemos dejarlo solo.

El honor es un implacable mecanismo de venganza al que hay que acudir para restaurar el orden de la moral colectiva; no admite vacilación ni demora para ser restaurado y es una condición inexorable.

¡Pueblo mío levántate, anda y recupera tu honor!