Crítico discurso de despedida del embajador Hertell

MELVIN MATTHEWS
Bajas asistencias de público y reducidas coberturas mediáticas, parecen indicios concordantes para sostener que la Cámara Americana de Comercio ha perdido la decisiva gravitación sobre la problemática nacional, y su almuerzo mensual, una tradición gastronómica concebida para incidir en la opinión pública, ha mermado ostensiblemente tanto en esplendor y en cuanto a capacidad de convocatoria.

Otrora cita obligada para los poderes fácticos, ahora las actividades de la AMCHAM, en especial su piscolabis mensual, suelen transcurrir sin pena ni gloria, atrayendo pocos comensales hacia disertaciones enfocadas en el DR-CAFTA, el tratado que el país pospone a pesar de haberlo ratificado.

Fundada el 8 de noviembre de 1923, la Cámara Americana de Comercio –conocida por sus siglas en inglés AMCHAM, de American Chamber- es una organización empresarial líder en promover el comercio, la inversión, la competitividad y una sólida economía de mercado.

A pesar de que la AMCHAM tiene una membresía de casi 3,000 empresas americanas y nacionales, y oficinas en Santo Domingo y nueve provincias, los almuerzos mensuales convocados en el último año, a 1,500 pesos el cubierto, se caracterizan por asistencias tan reducidas, que en ocasiones no han superado las 60 personas pagadas.

Un dato que ilustra la visible pérdida de influencia de la AMCHAM, radica en que, hasta hace pocos años, la sola presencia del embajador de Estados Unidos en calidad de orador, bastaba para concitar la asistencia masiva de los distintos sectores de la vida nacional.

Este no ocurrió con el reciente mensaje del embajador Hans Hertell, un abogado y político republicano, de origen puertorriqueño, amigo de Bush, quien fue el expositor a propósito del Día de Acción de Gracias. Tras anunciar que será relevado de la misión en el año 2007, Hertell pronunció el discurso más importante de su misión de cinco años, un texto comparable a su rendición de cuentas.

Como Jano, la deidad romana con dos caras, que era capaz de mirar en dos direcciones al mismo tiempo para controlar mejor el peligro venga de donde venga, Hertell abordó su cometido bajo el atractivo epígrafe Mirando hacia atrás y hacia el futuro”, una monografía de diez páginas, enriquecida con puntuales citas al margen y buen humor. Jano solía mirar siempre hacia el futuro, pero el reverso miraba  hacia el pasado –aunque no para recordar los malos tragos o para guardar rencor, eso disminuiría su poder- sino para distanciarse del momento presente y pensar de forma objetiva sobre el pasado y el futuro.

Una cara del discurso de Hertell se adentró en una retrospectiva crítica desde su ejercicio diplomático que empezó en el 2001, y la otra delineó el panorama optimista que vislumbra para la República Dominicana a partir del año 2011.

Crítico, porque reconoció el carácter irresoluto de los problemas nacionales que encontró a su llegada, pues, según dijo, “parece que algunos temas nunca desaparecen”; crítico, al confesar su frustración por los atrasos del DR-CAFTA; crítico, ante la falta de institucionalidad manifestada en la impunidad que rodea a los acusados del caso de malversación PEME, y crítico, finalmente, debido a la ineficacia en la lucha contra la corrupción.

Diplomático de carrera, o político, Hertell también reconoció avances en la estabilidad macroeconómica alcanzada con el FMI, en la vigencia del Código Procesal Penal, en el adiestramiento de jueces y procuradores, en la investigación de quiebras bancarias fraudulentas, y el hecho de que la mayoría de esos casos continúan en los tribunales. Mirando hacia el futuro, Hertell vaticinó que para el 2011 los principales partidos estarán preparándose para las elecciones, la prensa continuará siendo enérgica, la economía seguirá creciendo y creando puestos de trabajo, las exportaciones nacionales no dependerán de las zonas francas, debido al DR-Cafta los dominicanos tendrán acceso barato a los productos estadounidenses, la industria turística continuará creciendo, mejorará el índice de percepción de la corrupción, se fortalecerán las relaciones con Haití y el país contará con un cuerpo especializado para el monitoreo fronterizo.

Dato relevante. Una semana antes de la designación de Hertell como embajador en Santo Domingo, fallecía el profesor Juan Bosch. Al año siguiente, murió Joaquín Balaguer, “y la vida política quedó en manos de una nueva generación”, aseguró.

“He tenido el privilegio de trabajar estrechamente con esa generación, no sólo con los presidentes Hipólito Mejía y Leonel Fernández, sino con muchas otras personas que han formado parte de sus respectivos gobiernos”, afirmó orgulloso el embajador Hertell, protagonista de un discurso brillante, que arrancó aplausos del selecto público que asistió al piscolabis de la Amcham, servido la víspera de una tradición americana que le pertenece: el Día de Acción de Gracias.