Cruceros de placer siguen parando en Haití

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Labadee, Haití (AP).- El crucero Solstice de la línea Celebrity permanecía anclado el viernes frente a esta hermosa playa de arena blanca y los turistas tendidos sobre sus reposeras se bronceaban, bebían cerveza helada y piña colada y escuchaban música folclórica haitiana.

El complejo playero de Labadee está a apenas 100 kilómetros (60 millas) de Puerto Príncipe, pero es otro planeta comparado con la capital haitiana, arrasada por el sismo de la semana pasada que dejó unos 200.000 muertos.

Los cruceros que se detienen aquí se han convertido en el centro de una controversia: ¨Deben los vacacionistas divertirse pese a tanto sufrimiento en el resto de la isla? ¨O sería peor detener la actividad portuaria y privar a la población local de los ingresos que pueden obtener del turismo?

Jameson Charitable, de 20 años, sostenía un aviso en el que ofrecía paseos. “Sin esto, no comemos”, dijo señalando hacia el barco. Explicó que gana 15 dólares cada vez que atraca una embarcación.

Unas 200 personas trabajan en Labadee, y varios cientos de vendedores y proveedores de servicios pueden ingresar cuando llega algún barco. El gobierno haitiano renta el complejo _que cuenta con una playa, una tirolesa en las montañas y otras actividades_ a la naviera Royal Caribbean International, propietaria de la línea de cruceros Celebrity.

Royal Caribbean permitió a un equipo de periodistas de The Associated Press visitar Labadee el viernes, pero la portavoz de la naviera, Tracy Quan, no les permitió entrevistar ni fotografiar a los turistas.

Carol Myers, una enfermera de 53 años residente en Nueva Jersey, no estaba en la embarcación sino que disfrutaba de la playa. Había pasado una semana intensa atendiendo a víctimas del sismo en un hospital en el pueblo cercano de Milo, y descansaba varias horas antes de volver a Estados Unidos el sábado.

“Casi me siento culpable de estar aquí después de lo que ha ocurrido”, dijo Myers. “Pero las personas necesitan trabajar, las personas necesitan comer”.

El presidente de Royal Caribbean, Adam Goldstein, dijo que la decisión de mantener las paradas en la isla fue fácil. Las instalaciones no sufrieron daños, e indicó que al gobierno haitiano le complacía la llegada de los barcos. El país percibe una tarifa fija por pasajero, que se suma a cuotas anuales y al efectivo que los turistas gastan en artesanías locales.

Royal Caribbean donará además un millón de dólares, aportará comida y agua en cada visita y ha prometido un ingreso neto desde Labadee al esfuerzo humanitario. Maryse Kedar, presidente de la subsidiaria haitiana de Royal Caribbean, SOLANO, dijo que los cruceros son “el único comercio sustancial en el norte de Haití”.

Pero la naviera quedó a la defensiva tras las críticas que surgieron en internet. Melissa Bacchus, una maestra de Nueva York, fue una de las que publicó críticas en páginas como Cruisecritic.com.

“Creo que es moralmente erróneo ir (a Labadee), donde a menos de 60 millas hay personas sufriendo”, dijo Bacchus en una entrevista. “Y porque tenemos los recursos, tenemos la riqueza, ¨podemos divertirnos aprovechando la belleza de la isla?”

Bacchus sugirió que Royal Caribbean le pagara a Haití sus cuotas portuarias regulares pero que no se detuviera ahí. Agregó que también se podría dar dinero a los artesanos locales para que pudieran dejar de vender por un momento y ayudaran a los esfuerzos de socorro.

Según el ministro haitiano de Turismo, Patrick Delatour, Royal Caribbean demostraba “valor” al continuar con sus viajes y que eso era importante para la recuperación del país. “Celebramos la decisión y creemos que las críticas que reciben en los medios de comunicación no son sólo injustas sino que revelan una falta total de conocimiento de la situación en general en Haití después de este horrible desastre”, agregó.

A pesar de esto los expertos en relaciones públicas, citados por AdAge.com, dijeron que Royal Caribbean había cometido un error al mezclar placer con esfuerzos humanitarios. “La marca sufrirá un impacto”, dijo Paul Gallagher, director de asuntos y prácticas de defensa de causas WPP’s Burson Marsteller.

Haití comparte la isla de la Española con República Dominicana, que no sufrió daños con el terremoto, pero donde el gobierno teme que los turistas comiencen a cancelar sus viajes ahí debido al desastre al otro lado de la isla.

El ministerio dominicano de Turismo ha emitido varios comunicados en los que afirma que no ha sufrido ningún daño, e incluso ha dicho que Puerto Príncipe está a cientos de kilómetros de distancia y con varias montañas de por medio.

Pero este mensaje no llegó a los turistas como Debbie Ulin, de 39 años y madre de dos hijos en Nueva Jersey, pues su familia y otras dos cancelaron un viaje grupal que habían planeado para febrero al centro turístico de Punta Cana en República Dominicana.

“Con todo lo que pasó llegamos a la conclusión de que quizá no era el mejor momento para viajar a República Dominicana en este momento”, dijo Ulin. “Me siento culpable cuando lo digo, pero no es tan importante, son vacaciones. Nos pareció que no sería prudente ir con las familias tan poco tiempo después de la devastación”.

Arthur Applbaum, profesor de ética y políticas públicas de la Universidad de Harvard dijo que aunque la preocupación sobre ir de vacaciones cerca de donde la gente está sufriendo muestra una sensibilidad moral no hay una reflexión suficiente si uno cree que la distancia hace una diferencia.

“Es un error de la imaginación moral no estar igualmente preocupado si en todo caso prefieres ir de vacaciones a Waikiki”.