Cruzando el puente del tiempo económico

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POR JOSÉ LUIS ALEMÁN S.J.
Aunque la metáfora del puente se basa en la superación de la distancia que separa dos áreas entre los cuales no hay la continuidad espacial deseada, sirve también para señalar el esfuerzo por entrelazar dos tiempos. Kant en su Crítica de la Razón Pura que elabora con sus Categorías fenómenos sensoriales exhibidores de dos calidades esenciales, tiempo y espacio, nos hizo concientes de su entrelazamiento: todo espacio se experimenta en el tiempo y todo tiempo en el espacio.

Esta coexistencia mutua entre lo temporal y lo espacial no garantiza, sin embargo, que el espacio o el tiempo sean continuos. Bien puede ser que un espacio determinado, aunque signado por el tiempo, llegue a un límite tras el cual no exista en cuanto tal. Lo mismo puede decirse de un tiempo específico: se acabó o empezó a ser porque antes no era.

Muchos filósofos son conscientes de esa posibilidad. Un ejemplo sencillo: la mayor parte de los teólogos han interpretado la creación del cosmos descrita en el Génesis como inicio de un tiempo que sucede al no ser: creación de la nada. Pero Tomás de Aquino pensaba y escribía que la creación no presupone la nada: ésta era sencillamente la materia prima sin forma concreta orgánica o inorgánica, es decir carente de las famosas cuatro fuerzas de la gravedad, el electromagnetismo, la fuerza nuclear débil y la fuerza nuclear fuerte que separan e integran estas dos últimas leptones y quarks en objetos con estructura propia. La materia, así resume su desconcertante hipótesis, bien pudo ser eterna y por lo tanto espacial.

Estas consideraciones cuasifilosóficas son útiles a nivel económico para calibrar lo aceptable o lo objetable de toda “nueva economía” sobre todo cuando a esta se atribuyen atributos míticos no experimentados previamente: inmunidad a volatilidades cíclicas de precios o de crecimiento. Boyer ha sometido esta nueva economía, basada en la información y en el conocimiento, a una crítica a fondo que niega la “novedad” absoluta, fin de un tiempo e inicio de otro distinto, pero anuncia una sólo relativamente nueva economía que el llama antropogénica.

El tiempo en economía es contínuo en lo fundamental. La economía futura es distinta de la presente pero no es inteligible sin esta última. Es posible y recomendable entonces esforzarse por levantar el puente entre ellas. Eso quisiera hacer examinando lo más nuevo de la “Nueva Economía” de la información y del conocimiento y explorando su configuración futura. Me inspiraré en “El Futuro del Crecimiento Económico” (2004) de Robert Boyer en la Serie The Saint-Gobain Centre for Economic Studies editada por Robert Solow reconocido Nobel de Economía.

LA NUEVA ECONOMÍA

Dos son las novedades principales de la Nueva Economía: el perfeccionamiento de la información por la codificación de series enormes de datos y de conocimientos mediante la modificación de la infraestructura de análisis de la información en orden a tomar decisiones que ya no se organiza sólo en unidades en el interior de una empresa regida por principios jerárquicos sino como redes de interpretación de la información dentro y fuera de la empresa.

a)Cada empresa previamente establecida, dicho de otra manera, está expuesta a datos y análisis elaborados no por ella solamente sino en vinculación con otras muchas muy especializadas en datos científicos, procesos de producción, análisis financieros y mercadológicos que forman una red de información. Las nuevas empresas de la red y la empresa tradicional se ven forzadas a grandes inversiones para adquirir e instalar hardware: computadoras y circuitos de fibra óptica, por ejemplo, que le posibilitan información cada vez más barata sobre futuras estrategias y pueden disminuir sus costos de análisis de datos, decisiones y coordinación de actividades. La industria propia de la Nueva Economía, producción de hard y software, se relaciona con prácticamente todas las empresas tradicionales. En este sentido puede contribuir sustancialmente al nacimiento de un nuevo ciclo macroeconómico de producción, tal vez uno de los famosos ciclos de larga duración de Kondriatef.

La información acumulada se confunde, sin embargo, a veces con el conocimiento requerido para tomar estrategias con sentido económico. Cosas distintas son los instrumentos de transmisión de mensajes y su sustancia en cuanto se refiere a su adecuación con la producción, mercadeo y financiamiento de las firmas tradicionales. Sigue siendo de vital importancia la adquisición de habilidades e instrumentos de gerencia específica pero quede constancia de que no es lo mismo economía de la información que economía del conocimiento.

Cierto me parece el potencial de esta relativamente nueva tecnología informática para modificar el sistema de información e investigación de prácticamente todas las industrias. Dos límites a este potencial son la tradicional sobre inversión inicial de las otras empresas en estos casos, límite a la futura demanda, y la caída de precio de la información ofrecida a pesar de la barrera a la entrada de nuevas empresas informáticas como efecto de la alta inversión inicial.

b) Aunque la Nueva Economía se caracteriza por la tecnología de información y comunicación debemos huir de la tentación de una explicación monocausal, la creación de un nuevo mercado. Boyer examinando el desarrollo de esta nueva economía en los Estados Unidos, indudablemente su lugar de origen, subraya otros factores que lo posibilitaron o al menos lo coadyudaron:

– desregulación del producto, telecomunicaciones básicamente, que permiten la entrada y salidas de empresas sin protecciones u obstáculos que frenen su desarrollo. Sin esta desregulación la inversión en ellas estará o limitada o excesivamente favorecida;

-auge de un mercado de acciones que consciente de las posibilidades futuras optaron por favorecer compañías nuevas que requerían enormes capitales aceptando que en el presente no podían ofrecer rendimientos financieros positivos precisamente por extremadamente altos precios consecuencia de la entrada en el mercado de muchos inversionistas que desconocían la distinción keynesiana entre valor fundamental de una acción y su valor cotizado;

-desregulación del mercado laboral y debilitamiento del poder sindical para facilitar el despido de personal, la caída del salario real de los empleados y la movilidad de empleo de sectores clásicos a empresas de la Nueva Economía;

-un mejor sistema de educación basado en el desarrollo de universidades de la más alta calidad, escuelas técnicas de nivel intermedio y métodos de educación virtual-presencial (Community Colleges), más exigentes escuelas primarias y mayor cobertura de educación preescolar;

-alta calidad del sistema de investigación enfocado a aumentar la densidad de relaciones entre centros de investigación y empresas y a favorecer con fuertes compras estatales empresas en los sectores claves de defensa (armamento atómico, aviones, cohetes), energía, agrícola y salud (biotecnología);

-desarrollo de una cultura organizacional favorable a la iniciativa empresarial, apropiación de derechos de propiedad al personal de firmas y centros de investigación;

-política públicas permisivas de grandes déficits que buscan ser eliminados lentamente sin cuestionar el crecimiento o el empleo y que descansan en bajos niveles de interés para fomentar la actividad económica y en políticas fiscales estabilizadoras que suavizan la amplitud del ciclo económico.

Resumiendo: la economía nueva de la información y el conocimiento exige desregulaciones en los mercados de productos, de mano de obra y financieros en el marco de una política económica que priorice la educación durante toda la vida y la investigación. Si las desregulaciones posibilitan la iniciativa económica la educación de los miembros y los centros de investigación la absorben creativamente y la difunden. La Nueva Economía está muy ligada a la producción de equipos de comunicación e información.

FALSO DILEMA

El éxito de la Nueva Economía en los Estados Unidos en la década de los noventa creó cierto consenso sobre la necesidad en que estaban otros países de seguir en bloque su ejemplo o resignarse a un vegetar económico sin pena ni gloria. Este nuevo “Consenso de Washington” corrió la misma suerte que el destinado a América Latina: algunos países no cumplen todos los prerrequisitos aparentemente necesarios para alcanzar el éxito de los Estados Unidos.

En efecto si examinamos el record histórico de los países de la OECD, 1980 a 2000, fijándonos en dos variables -la tasa de crecimiento de la investigación corporativa y la de la productividad total- hallamos que los países más exitosos han sido los nórdicos (Finlandia, Suecia, Dinamarca) y los de la conexión inglesa (Canadá, Australia, Irlanda y Nueva Zelanda). En Alemania y Bélgica-Holanda las tasas de crecimiento de la investigación corporativa y de la productividad total han sido negativas. En Estados Unidos la tasa de crecimiento de la investigación ha sido cero aunque la de la productividad total fue positiva. Sorprendentemente en Portugal ambas tasas han sido positivas. Japón exhibe tasas positivas de crecimiento en la investigación corporativa pero negativas en las de productividad

Los Estados Unidos, Japón, Holanda y Alemania son productores de equipos de la nueva economía informática: su record en crecimiento de la productividad sólo ha sido exitoso (positivo) en Estados Unidos. En cambio ni Portugal ni los países nórdicos ni los países de la conexión inglesa producen esos equipos pero sí los usan intensivamente y han logrado tasas de crecimiento positivas en investigación y productividad.

Una primera conclusión provisional es que la producción de “ideas” en el vocabulario de Paúl Rommer no es imprescindible para una Nueva Economía si ésta se concentra en su uso intensivo.

Otra conclusión quizás más robusta es la no-necesidad de desregulación del mercado laboral haciéndolo más flexible, menos sindicalizado y menos “asegurado socialmente”. Ciertamente los países nórdicos no han debilitado sustancialmente sus sistemas de seguridad social. En ellos no se reportan indicios de mayor desigualdad. En los países de la conexión inglesa, en cambio, todos los indicadores sociales reportan incremento de la desigualdad.

Tampoco se notan en los países nórdicos reformas sustanciales en el sistema de financiamiento corporativo de nuevas empresas a diferencia de los Estados Unidos.

Las diferencias de políticas económicas entre los Estados Unidos y los de la Unión Europea son también apreciables. Mientras que en los Estados Unidos la política monetaria se orienta a estimular la inversión privada con bajos intereses y la fiscal a tolerar déficits importantes relativamente al tamaño del Producto, la Unión Europea ha sido dogmática en el mantenimiento de una política radicalmente antiinflacionaria y antideficitaria sin hacer concesiones ni al empleo ni al crecimiento del producto. Sólo en el año en curso Alemania y Francia han impuesto el abandono de déficits fiscales superiores al 3% del Producto.

El análisis de Boyer rechaza el dilema de imitación del modelo norteamericano o de simple vegetar. Supuesta la necesidad de desarrollar una Nueva Economía los dilemas son dos: modelo de mercado (schumpeteriano) o “socialdemocracia”.

EL DILEMA: SCHUMPETERIANISMO O “SOCIALDEMOCRACIA”

En realidad el dilema entendido como posibilidad de elegir entre dos objetivos es inexistente. Hay países, Estados Unidos y la famosa Unión Inglesa (Inglaterra, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Irlanda) donde el mercado es la institución predominante que explica el proceso de renovación económica: libertad de inversión, de investigación, de educación vocacional y de empleo.

En última instancia, y en términos de Schumpeter, unos empresarios no tradicionales diseñan nuevas formas de combinar factores de producción y logran nuevos financiamientos privados con apoyo estatal lo que les permite al entrar en el mercado orientar hacia ellos la demanda a través de más bajos precios o del aliciente de productos novedosos dándoles una posición de poder oligopólico; las empresas establecidas o imitan a las nuevas empresas o desaparecen (creación destructura de empleos); el aumento de la demanda en el sector innovador estimula inversiones en los sectores relacionados. La economía crece. El esquema, como se ve, es realizable por el mercado.

El modelo “socialdemócrata” de Boyer, propio de los países escandinavos y de Europa Central. La configuración de este modelo está basada en muy alto nivel general de educación y en particular de entrenamiento vocacional; nuevos sistemas de educación con uso de computadoras en las clases y estrecha colaboración entre sistemas académicos, centros de investigación y empresas. La socialización del conocimiento se busca por medio de inversiones colectivas y no privadas. El mercado laboral no se “flexibiliza”. La forma dominante de coordinación del proceso económico no son las empresas del mercado sino la cooperación institucionalizada dentro de un diseño nacional.

¿EMERGENCIA DE UN MODELO ANTROPOGÉNICO?

La otra orilla, una verdaderamente “nueva economía”, puede que no sea la de información y conocimiento aunque necesariamente sean estos elementos esenciales en la configuración del desarrollo económico futuro, sino la que cree un nuevo estilo de vida generalizado como resultado de innovaciones radicales que denominamos antropogenica. Me explico.

Toda innovación tecnológica genera aumento de ingresos en el sector innovador y en los ligados con él y, en base a la caída del costo de los bienes nuevos y afines como resultado de la sobre inversión, una alteración en los patrones de consumo que permiten mayor demanda de otros bienes. Cuando el modelo Ford T, por ejemplo, se adquiría no a mil dólares como al inicio de su producción sino a 360 parte sustancial del poder de compra de la sociedad se desplazó de la demanda de autos hacia el consumo de otros bienes preferidos anteriormente por las capas más ricas de la población y de muy difícil acceso para el común de los mortales (impropiamente calificados de obsoletos). El incremento del ingreso real generalizó un nuevo estilo de vida. La magnitud del cambio determinará si existe o no un nuevo estilo de vida. La innovación el Ford T generó, por la magnitud del ahorro alcanzado por el descenso de su precio la construcción de viviendas, la adquisición de bienes de consumo duraderos y enormes inversiones de infraestructura física para todas las generaciones siguientes. El estilo de vida cambió.

Es innegable que las innovaciones tecnológicas relacionadas con las comunicaciones han generalizado la demanda de bienes “nómadas”, los que pueden ser llevados por los consumidores como celulares y laptops. Sin embargo la desaleración de la tasa de crecimiento de la demanda de estos bienes nos interroga sobre su capacidad de crear un nuevo estilo de vida comparable con el fenómeno Ford T.

Más bien ha aumentado la demanda de servicios de educación continuada, de servicios de salud y de diversión en una escala impresionante y a un ritmo continuo. Las inversiones públicas en infraestructura para poder satisfacer esa demanda son también visibles y duraderas. ¿Habremos llegado a una nueva economía centrada en la reproducción de la persona humana? ¿Será esta la otra orilla a la que apunta el futuro crecimiento económico? Puede que sí.