¿Cuál corrupción?

Millizen Uribe

A juzgar por el éxito y récord de asistencia de la marcha contra la impunidad, la corrupción es un tema que ya comienza a preocupar a los dominicanos.
La indignación por el abuso y derroche en la administración de los recursos públicos, combinado por la “buena suerte” con que corren quienes incurren en estos hechos, “inmunes” a la justicia, colma cada vez más la paciencia de los dominicanos.
Basta ver cómo todo un pueblo se lanzó a las calles en San Pedro de Macorís pidiendo justicia y esclarecimiento de las causas y circunstancias en que murieron los locutores Leo Martínez, director de la emisora FM103, y Luis Manuel Medina.
Las respuestas de las autoridades no ha sido directamente proporcional con el nivel de las últimas demandas ciudadanas.
¿Cuál corrupción? preguntó recientemente el presidente Danilo Medina ante unas quejas del exembajador de los Estados Unidos, James Wally Brewster.
El tiempo se ha encargado de evidenciar algunos casos: soborno de Odebrecht, sobreventa de terrenos en el CEA y la venta cuestionable que hizo Corde del barrio Los Tres Brazos.
En los dos últimos casos, el Gobierno ha reaccionado con la formación de comisiones y con la emisión de decretos suspendiendo a incumbentes.
Sin embargo, la fiebre no está en la sábana y no basta reaccionar a posteriori con destituciones. Se echan de menos sometimientos ante la Justicia, casos que lleguen hasta las últimas consecuencias, que no acaben en archivos.
Y, reiteramos, que en el caso Odebrecht es necesario que se recupere el dinero robado y se identifiquen y lleven a la cárcel a los funcionarios y políticos corruptos.
Sólo así República Dominicana podría aprovechar las envidiables cifras de crecimiento económico que ha venido reportando durante años, pero que no experimenta en su diario vivir una parte importante del pueblo dominicano.
Y es que ya basta de que los recursos aportados, vía impuestos, para tener hospitales dignos y bien equipados, seguridad ciudadana, calles limpias, iluminadas y bien asfaltadas, escuelas suficientes, agua potable, energía eléctrica, viviendas… y hasta servidores públicos con salarios dignos, terminen en los bolsillos de unos cuantos. ¡Ya basta de tanta corrupción! Definitivamente, el fin de la impunidad está cada vez más cerca.