¿Cuál es la evolución del mercado
internacional de textiles?

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POR ADOLFO MARTÍ GUTIÉRREZ
El mercado internacional de textiles ha sido históricamente un sector económico muy regulado. Ha sido así porque se sustenta en algo que en los países desarrollados es escaso: la mano de obra intensiva.

Tradicionalmente sus mercados presentaron características basadas en ventajas comparativas artificiales y bajo condiciones de un comercio administrado. Pero, a partir de 2005, los grandes importadores y minoristas del comercio de textiles deberán enfrentar grandes retos. Esta mutación de las condiciones básicas del mercado afectará considerablemente las exportaciones de muchos países en desarrollo y economías en transición.

La mayor producción y exportación mundial de textiles se concentra en Asia (55.6%), Europa Occidental (12.6%) y América del Norte (12.3%). Entre los principales exportadores figuran China (15.9%), Hong Kong (7.7%) y Corea del Sur (6.0%). En cambio, los principales importadores son Estados Unidos (10.4%), China (8.0%) y Hong Kong (7.3%).

Una parte importante del comercio internacional de textiles estuvo por largo tiempo regulado por el “Acuerdo Multifibras” (AMF). Este acuerdo fue firmado en 1974, acarreando desde entonces múltiples problemas al comercio y renovándose en cuatro ocasiones. Por eso, dentro de la Ronda de Uruguay, el objetivo fijado fue incorporar este comercio a la disciplina del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT) en 1989 para ir quitando las barreras de manera progresiva. Durante el periodo transitorio se pudieron aplicar cláusulas de salvaguardia (mecanismo para facilitar la competencia o una protección) selectivas en caso de necesidad. Fue así como en miras de liberalizar el comercio internacional de textiles se pretendieron tres objetivos fundamentales: (1) promover un aumento de las exportaciones de los países en desarrollo; (2) disminuir los precios en los países desarrollados; y (3) asumir costos de ajuste en estos últimos, tales como aumento del empleo (aunque el costo de la protección sea mayor) e incentivos a la innovación (para hacer frente a las ventajas comparativas de los países en desarrollo). 

ACUERDO MULTIFIBRAS

El Acuerdo Multifibras (AMF) ha venido regulando el comercio internacional de textiles y prendas de vestir desde 1974. Sus objetivos han sido de conseguir la expansión del comercio, particularmente en el caso de los países en desarrollo, la reducción de los obstáculos comerciales y la liberalización progresiva del comercio mundial de productos textiles. Al mismo tiempo asegurar un desarrollo ordenado y equilibrado de ese comercio y evitar los efectos desorganizadores en los distintos mercados y productos, tanto en los países importadores como los exportadores. Como objetivo principal, el acuerdo ha intentado fomentar el desarrollo, mediante un aumento sustancial de sus ingresos de exportación procedentes de los textiles y un aumento de la posibilidad de conseguir una mayor participación en el mercado mundial de estos productos. La administración global del AMF fue llevada por el Comité de los Textiles, el cual estuvo constituido por representantes de los países del Acuerdo y presidido por el Director General del GATT.

EL MERCADO TEXTIL ESTADOUNIDENSE

Del mercado internacional de textiles, el de Estados Unidos, es el más importante para América Latina, aunque es un mercado muy protegido. Una de las razones por las cuales la industria textil continúa recibiendo protección radica en que requiere de mano de obra intensiva. En Estados Unidos, esta industria según el Departamento de Comercio de Estados Unidos, emplea 1.9 millones de trabajadores lo que hace que el gobierno sea sensible a sus demandas. Por ello, la industria textil de los Estados Unidos fue el primer productor local que solicitó y obtuvo del gobierno norteamericano una amplia y sostenida protección arancelaria. Según un libro del SELA (1986) “América Latina/Estados Unidos: Evolución de las Relaciones Económicas (1984-1985)”, desde comienzos del año 1800, las fábricas de ropa han conseguido algún tipo de medidas de alivio frente a las importaciones. Durante el siglo XIX los aranceles representaban la única forma significativa de protección. Sin embargo, hoy día las cuotas y otras barreras no arancelarias constituyen un obstáculo mucho más importante.

El mercado textil estadounidense se ha regido por tres mecanismos: (1) el Acuerdo sobre Comercio Internacional de Textiles (Acuerdo Multifibras); (2) los tratados bilaterales negociados bajo los auspicios del AMF y (3) los reglamentos de la legislación estadounidense sobre consultas, normas de origen y otros asuntos. El AMF fue definido con bastante acierto, como “la apoteosis del concepto del comercio administrado”. Reguló y codificó el sistema en virtud del cual los países industriales, como Estados Unidos, protegían sus industrias textiles de la competencia de los países en desarrollo. Derivado del Acuerdo a Corto Plazo (1961) y del Acuerdo a Largo Plazo sobre el Comercio Internacional en Tejidos de Algodón (1962), el AMF demostró que las exenciones “temporales” al libre comercio fácilmente se convierten en un proteccionismo estable.

Bajo los auspicios del AMF, Estados Unidos negoció convenios textiles bilaterales con más de dos docenas de países, incluyendo ocho países latinoamericanos y caribeños, incluyendo a la República Dominicana. Estos acuerdos llegaron a regular más del 60% de las importaciones norteamericanas en este renglón. En su mayoría, los acuerdos bilaterales establecían “límites específicos” (cuotas) y/o “niveles designados de consultas” (NDCS) en cada una de las categorías del producto del país exportador. Bajo el sistema de tratados textiles bilaterales, Estados Unidos solicita consultas con aquellos que no están cubiertos por este tipo de acuerdo, y con otros, cuando las categorías de producto en cuestión no están incluidas en el acuerdo bilateral existente.

El régimen textil estadounidense ha experimentado fases importantes. En el mandato de Ronald Reagan el país se comprometió a vincular el crecimiento total de las importaciones al desarrollo de la industria textil. La industria textil interpretó esto como un compromiso de mantener el crecimiento de las importaciones en un nivel entre 1.5 y 2% al año. Estados Unidos cedió a esta presión concertada, y en agosto de 1983 suscribió un nuevo acuerdo bilateral con China. El nuevo acuerdo representó un compromiso entre las posiciones de cada país, puesto que estableció un índice anual de crecimiento de las importaciones de 3.8% aproximadamente. Ni la industria textil china ni la norteamericana quedaron totalmente conformes con este convenio. China, hoy día, sigue ejerciendo presión sobre Estados Unidos utilizando como instrumento el Acuerdo a Largo Plazo sobre Granos y sus importaciones en otras áreas tales como bienes de capital. Para China, la experiencia de 1982-83 indica que a Estados Unidos le interesa conservar el acceso al mercado chino al igual que le interesa restringir el ingreso de productos chinos al suyo.

IMPLICACIONES PARA AMÉRICA LATINA

En el transcurso de 1982, y en virtud de la renovación del AMF, Estados Unidos empezó a negociar nuevos convenios con sus proveedores principales, entre ellos, Corea del Sur, Hong Kong, Taiwán y la República Popular China. La meta de Estados Unidos era de imponer niveles de crecimiento de apenas 0.5 a 1.5% para las importaciones de estos países y un incremento de entre 5 y 7% al año para las importaciones provenientes de proveedores medianos y  pequeños (incluyendo países latinoamericanos y caribeños). En algunos casos, como el de Haití, Estados Unidos pretendía extender la cobertura de los acuerdos a productos cuya exportación no se estaba controlando y que mostraba cierto potencial de crecimiento.

Sin embargo, las negociaciones entre China y los Estados Unidos históricamente están plagadas de conflictos y represalias. Así, si bien los negociadores chinos conocen que en Washington la comunidad agrícola es tan poderosa como la industria textil, reconocen que pueden obtener su cooperación mediante la amenaza de cierre de su extenso y potencial mercado. Aún cuando pocos países pueden comparar su poder de represalias con el de China, los productores de América Latina y el Caribe no son del todo impotentes en las negociaciones sobre textiles con Estados Unidos. La clave para las gestiones exitosas parece residir en convencer a los negociadores norteamericanos de que satisfacer las condiciones de un país determinado va en su propio beneficio. China ha utilizado como mecanismo la magnitud de su mercado interno; pero los países latinoamericanos y caribeños deben recurrir a otros argumentos que pueden ser de naturaleza económica, tales como el interés de Estados Unidos por el problema de la deuda, o de la programación monetaria y financiera, coordinada por el Fondo Monetario Internacional.

Hasta la fecha, los países de la región no han logrado en sus negociaciones con Estados Unidos sobre textiles mejores condiciones que las otorgadas a otros proveedores pequeños y medianos. Al parecer, el argumento más convincente en favor de un mayor acceso para los productos textiles de América Latina y el Caribe es el hecho de que dichos productos contienen insumos norteamericanos. Según la Nomenclatura Arancelaria de Estados Unidos, a los artículos textiles elaborados con telas estadounidenses y exportadas a ese país se les aplica un arancel solamente con base en el valor agregado por el productor extranjero. México y los países caribeños se han beneficiado de este programa más que cualquier otro exportador en este renglón, lo que significa que las importaciones de textiles procedentes de esta zona tienen más probabilidad de beneficiar a la industria norteamericana que aquellas del Lejano Oriente u otros países. Productores de textiles en Estados Unidos y la Cuenca del Caribe históricamente han demandado un trato especial en materia de cuotas y aranceles para las exportaciones de la región utilizando este argumento.

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El autor es economista y profesor universitario.

adolfomarti@codetel.net.do