¿Cuáles han sido los resultados
económicos presidenciales?

POR ADOLFO MARTÍ GUTIÉRREZ
Después de la dictadura de 31 años de Rafael L. Trujillo, la República Dominicana ha contado con 10 mandatos presidenciales y 6 presidentes constitucionales. Con el desarrollo económico y social de vida democrática instaurados hasta la entrada del siglo XXI, la economía dominicana ha promediado un crecimiento real de 5.3% con un nivel de ingreso nacional anual por habitante de más de 1,000 dólares.

La historia económica dominicana ha atravesado durante esos ciclos coyunturales diferentes resultados económicos, desde aquellos fundamentados en un modelo primario agro-exportador (café, azúcar, cacao y tabaco), hasta, más recientemente, aquellos inspirados en la integración y diversificación del proceso mundial de globalización económica.

LOS DOCE AÑOS DE BALAGUER (1966-1978)

Este período fue un tiempo de cambios significativos en el desarrollo de la República Dominicana. El país acababa de salir de una dictadura que había abarcado treinta años y una guerra civil seguida por la dominación americana. Se caracterizó por una reestructuración del sistema gubernamental, y el establecimiento del sistema bancario nacional e internacional. En período de los doce años del Dr. Balaguer la economía real creció 7.7% con una inflación promedio de 9.5%. La economía estuvo incentivada, principalmente, por la participación de los sectores de la construcción, las finanzas y el comercio. En los doce años se experimentó una “etapa de reacondicionamiento” (1966 a 1968), que dio inicio a importantes cambios económicos estructurales, además de reactivar relaciones favorables en el ámbito internacional; una segunda parte, que podríamos denominar como “etapa de expansión”, (1969 a 1974), donde se experimentaron importantes tasas reales de crecimiento en el nivel del PIB, pero reflejando por vez primera una tasa de inflación de dos dígitos (a partir de 1973); y una tercera etapa que consolida un “proceso de vulnerabilidad y ajuste” (1974-1978), que se traduce en bajas tasas de crecimiento de la actividad agropecuaria e industrial y una velocidad de captación de los recursos públicos muy volátil.

EL PERÍODO DE ANTONIO GUZMÁN (1978-1982)

El cuatrienio de Guzmán se caracteriza por la férrea voluntad por parte del Gobierno de instaurar la gobernabilidad democrática y el respeto de los derechos humanos. En lo económico, el país experimentó escenarios positivos y negativos, estos últimos básicamente provenientes de la volatilidad en que se desarrollaba entonces la economía internacional. Los efectos económicos se produjeron desde el mismo primer año de gestión, cuando el grado de apertura de las exportaciones se redujo de 21 a 15% del PIB y se produjo un estancamiento en el nivel de la producción industrial (-0.2%) y la agropecuaria (1.1% en 1979) provocando a su vez un crecimiento negativo en los ingresos fiscales (-0.18%). En promedio, los ingresos se redujeron vertiginosamente los dos últimos años de gobierno, años en los cuales la moneda nacional evidenció repuntes en sus tasas de devaluación. Sin embargo, la economía creció durante 1978-1982 un 4.1%, la oferta monetaria un 8.3% (producto de efectos recesivos en 1980) y la inflación promedió un 10.6%.

EL PERÍODO DE SALVADOR JORGE BLANCO (1982-1986)

Durante 1982-1986 se realizan cambios y ajustes necesarios que venían arrastrándose años antes. Si bien el crecimiento del PIB real promedió sólo 1.8% y la inflación 17.6%, la economía experimentó fuertes devaluaciones cambiarias que estimularon las exportaciones y el nivel de recaudaciones fiscales. Si bien la vulnerabilidad del sector externo implicó períodos de inestabilidad doméstica, ésta resultó atenuada por el dinamismo impulsado por el turismo, el comportamiento de las zonas francas, y el llamado rubro de transferencias netas de la balanza de pagos. No obstante, es un hecho que la apreciación del peso frenó el crecimiento del PIB a sólo 1.8%, lo que implicó una caída anual en el ingreso por habitante. Así, en 1986, se retrocede a casi el mismo PIB por habitante que se había alcanzado en 1979, con una importante caída en el consumo. El período de Jorge Blanco se caracteriza además por un desmesurado impulso que se le dio al sistema financiero, especialmente en las transacciones de bienes raíces, dólares y créditos al consumo, las que crearon rentabilidades atractivas frente a tasas pasivas cada vez más negativas (a medida que la inflación se aceleraba). Otro factor importante lo fue la erogación de créditos al Gobierno por concepto de pagos de la deuda externa sin entregar la moneda nacional correspondiente. Ese registro revela incrementos históricos en los medios de pago, al aumentarse  la oferta monetaria y el medio circulante en más del 50% y la emisión por encima de 70% en 1986.

EL NUEVO PERÍODO DE JOAQUÍN BALAGUER (1986-1996)

En este período (1986-1996) se decide reactivar la economía vía la inversión pública; aprovechando tanto el multiplicador que la actividad de la construcción tiene hacia la industria relacionada, como su capacidad para absorber mano de obra. Si bien el PIB, en términos reales, creció entre 1986 y 1989 a una tasa promedio de 5.1%, la tasa de inflación promedió 29.4% en el mismo período. Sin embargo, con la crisis de 1990 el PIB cayó 5.5% y la inflación alcanzó niveles históricos de 79.9%. En cambio, entre 1991-1996 la economía promedió una tasa de crecimiento de 4.7% con niveles de inflación de 7.2%. Ello causó que los ingresos fiscales tomaran nuevamente un repunte en dichos años, debido a lo cual la presión fiscal se situó en niveles de 16% (en 1992, 1993 y 1994). En resumen, durante la reciente gestión del Dr. Balaguer se trazó una estrategia de recuperación económica, amparada en la instauración de necesarias reformas económicas durante los años de 1990-92, que solventaron la capacidad recaudadora del Estado y repercutieron en importantes esquemas de austeridad y estabilidad.

EL PERÍODO DE LEONEL FERNÁNDEZ (1996-2000)

Durante el cuatrienio 1996-2000, el PIB creció a un ritmo anual de 7.7%, el más alto en toda la región. La política económica y las reformas institucionales instrumentadas a lo largo de los noventa han coadyuvaron a enderezar el rumbo económico del país. La inflación fue mantenida en niveles de un dígito, el tipo de cambio se estabilizó en un promedio cercano al 15 x 1 y se lograron avances importantes en el saneamiento fiscal. En el sector externo, el déficit de la balanza comercial de bienes fue contrarrestado por los saldos positivos de la industria de zonas francas, la balanza turística y las transferencias privadas, lo que mantuvo al desequilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos en niveles razonables como proporción del PIB. No obstante, a la par de este saludable desempeño macroeconómico, existe evidencia de que la economía dominicana pudo haberse segmentado en esa última década. Este fenómeno de heterogeneidad se asocia en algún grado al esquema de crecimiento que ha prevalecido en el país en los años recientes. En efecto, a lo largo de los años noventa se ha ido configurando y consolidando un sector moderno, dinámico y competitivo de la economía dominicana, vinculado a las actividades comerciables (turismo, zonas francas, así como algunas actividades emergentes como la banca y ciertos servicios). Junto a ese sector convive un segmento de empresas en donde privan reducidos niveles de competitividad, con limitado acceso al crédito y atraso tecnológico. En este grupo abundan pequeñas y micro empresas que fabrican principalmente bienes tradicionales no comerciables. Asimismo, si bien en el periodo de Leonel Fernández el desempeño del sector agropecuario fue modesto, la participación relativa del sector fue menor a los años anteriores. Igualmente, las principales actividades agrícolas de exportación tradicional disminuyeron su gravitación en la provisión de divisas para el país.

EL PERÍODO DE HIPÓLITO MEJÍA (2000-2004)

Durante 2000-2003 la economía dominicana recibe el impacto de fuertes choques externos tales como los efectos terroristas del 11/9, la crisis argentina en la moratoria de pagos, la crisis petrolera venezolana, la guerra en Irak, y, en general, el impacto de las restricciones económicas del gobierno norteamericano. Pero, a nivel interno, la economía dominicana evidenció también los efectos producidos tras el colapso de tres de sus principales entidades bancarias, debido al proceso de transparentización de las cuentas monetarias y bancarias y la crisis fiscales derivadas tras la absorción e intervención de las distribuidoras de energía eléctrica y de medios de comunicación. Por ello, el crecimiento del medio circulante y la emisión monetaria llegaron a crecer en más del 80% en 2003. Si bien el gobierno de Hipólito Mejía evidenció altas presiones externas e internas que motivaron efectos adversos en la economía, el PIB real promedió un crecimiento favorable de 3.9% y un nivel de inflación de 16.6% en esos tres años. En ese lapso, el gobierno promedió un crecimiento de 16.4% en los ingresos fiscales y de un 20.3% en los gastos totales. No obstante, la economía experimentó fuertes devaluaciones cambiarias (de hasta 87.4%  en 2003) que estimularon las exportaciones nacionales y de zonas francas y el flujo de remesas. No obstante, si bien el nivel de recaudaciones fiscales, fruto de la reforma de 2001, no obtuvo los ingresos esperados, los gastos del gobierno central se incrementaron de 17 a 18.4% del PIB. Por ello, y debido a los efectos de la depreciación de la tasa de cambio, el ingreso nacional per cápita se redujo en tres años en 18%, al pasar de 2,311 dólares en 2000 a 1,893 dólares en 2003.

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El autor es economista y profesor universitario.
E-Mail: adolfomarti@codetel.net.do