Cuando cero no mata cero

Cuando cero no mata cero

En el argot matemático se utiliza muy frecuentemente la frase ¨cero mata cero¨ para indicar que hay un cierto equilibro entre una acción emprendida y otra realizada. De ese modo, se hace una comparación relativa entre las dos acciones realizadas. En el caso que nos ocupa, nada más desproporcionado, veamos:
El ministro Gonzalo Castillo, entrevistado el pasado miércoles en el Almuerzo del Grupo de Comunicaciones Corripio, se refirió de manera extensiva al contrato de la mal llamada “Autopista del Nordeste Juan Pablo II¨, la cual, no obstante tener el aval del Banco Mundial por intermedio del Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA), en su contratación la contraparte dominicana, tal vez intencionalmente, se plegó a condiciones muy onerosas para el Estado dominicano, al establecer el pago de un subsidio por la baja circulación de vehículos, mejor conocido como Peaje Sombra. Esto implica, que un vehículo liviano, por el recorrido de 106.50 kms desde la Autopista de las Américashasta Rincón Molenillo en dos carriles con un ancho de 12.30 metros, pagase peaje en tres alcabalas, ida y vuelta, la escandalosa suma de RD$910.00, mientras que en la Autopista del Coral, con dos carriles en cada sentido con un ancho de 7.20; por el recorrido ida y vuelta por 70 kms. se paga RD$720.00. Entre estas dos vías, la comparación es como del cielo a la tierra. La vía estrecha hasta Rincón Molenillo costó unos 500 millones de dólares, mientras que La Romana-Punta Cana-Bávaro, tuvo un valor de aproximadamente 400 millones de dólares.
¿Cuál es la gran diferencia? Mientras la del Coral es sumamente eficiente y compensatoria, en la de Samaná, por la escasa circulación vehicular, el Estado dominicano paga alrededor de 2,100 millones anuales. Esto significa para la compañía colombiana, una enorme ganancia, ya que al no disminuir los precios, por la falta de circulación, además del cobro excesivo, se economizan millones en el mantenimiento. ¿Quién paga esta aberración? Todos los dominicanos, no obstante la gran mayoría no poseer vehículo.
El ministro Castillo no ha podido romper el hilo conductual de este engendro. Sin embargo, anuncia que por concepto de peajes, el fideicomiso de la Red-Vial percibe unos 1,650 millones de pesos, pero el Estado paga por el peaje sombra 2,130 millones, lo cual demuestra que cero no mata cero y que estamos realizando el negocio de capa perros. Ministro, mano dura con estos explotadores.
El segundo caso es el de la inmigración. Con bombos y platillos el Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza y Terrestre (CESFRONT), como un gran logro apresó a 3,200 haitianos que han tratado de ingresar al territorio nacional en el mes de diciembre, lo cual da un total de 103, 454 en el año 2017.
Para que los dominicanos tengan una idea del tráfico humano en la frontera, permitido por militares que denigran su condición de patriotas, para las fiestas navideñas, se calcula en más de 300,000. Se van y pasan las fiestas con sus familias y después viene la marejada a principios de año, para reintegrarse a las labores en territorio dominicano.
El problema mayor, es que Haití en el interior del país no existen Oficialías del Estado Civil; por lo tanto, la gran mayoría que viene al país, para evitar ser reconocidos por sus nombres originales, adoptan nombres y apellidos nuestros. Esto es una burla permitida intencionalmente por nuestras acobardadas autoridades que deben velar por la autenticidad en el reconocimiento de los inmigrantes.
El comunicador Julio Hazim mostró una serie de individuos a los cuales el Consejo Estatal del Azúcar permitió que se le otorgasen cédulas de identificación con nombres como: Raúl Mondesí, Fernando Valadez, Pedro Martínez y otros no menos rimbombantes. ¿Alguien cree que los dos haitianos que mataron a su hijo de once meses y lo enterraron en Boca Chica, en Haití se llamaban Carlos García y Rosanna Ramírez? Mientras la Junta Central Electoral permita este relajo en la identidad, aquí seguiremos siendo invadidos por los vecinos, que son tan malagradecidos que hacen mítines en nuestro Altar de la Patria y queman nuestros símbolos patrios y ninguna autoridad toma medidas para evitarlo.
Mientras tengamos miedo de aplicar una política de inmigración coherente y de acuerdo como lo establecen las leyes y la Constitución de la República por miedo a las reacciones de otros países, que en caso similares, expulsan a los extranjeros, seguiremos siendo víctimas de nuestra propia insidia. ¡Cuanta falta hacen militares con sentido patriótico como Luperón, Gaspar Polanco, Benito Monción y otros, no como los actuales guardias fronterizos, que emulando la película “por un puñado, no de dólares, sino de pesos¨, dejan pasar familias enteras, como un haitiano que se ufanó de tener 29 hijos, todos viviendo en Dominicana. Por eso es que muchos dominicanos recuerdan y añoran a quién puso orden en la frontera, y que los vecinos simplemente oír en creole TRUJILLE, ponían pies en polvorosa.

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