Cuando el cojo se sienta y el tuerto duerme

Eusebio Rivera Almodóvar

La benevolencia de los sociólogos y la nobleza ciudadana han producido una transformación piadosa de los calificativos a personas con discapacidades, principalmente porque muchos “discapacitados” tienen asombrosas destrezas que impactan a otros con sus mismos defectos y dejan estupefacta a la sociedad. La lista de ejemplos llenaría varios volúmenes, pero bastaría con mencionar a Stephen Hawkins, Nick Vucijic y dominicanos como José Luis Gutiérrez, quien, con una sola pierna, recientemente ha sido aclamado bailando en concurso de talentos en España y eso explica por qué no se les llama “tullíos” o “inválidos” sino personas “especiales”.
Sin embargo, persiste y progresa un voluminoso número de políticos que no percibe sus discapacidades y, dentro de ellos, los que tienen conciencia de las mismas, se aprovechan de la nobleza popular y exageran sus debilidades para que los apoyen o respalden por lástima.
Actualmente, en nuestro panorama político existen dos principales contendientes y una recua de aspirantes, destacándose que tanto los punteros en la carrera hacia la presidencia de la República como muchos de los que quieren imitarlos o sustituirlos, están tullidos por anodinos planteamientos como rechazo a la reelección, menospreciando que otrora se beneficiaron de ella; respeto a la Constitución, que ha pasado frente a sus puertas y le han sacado la lengua; supuesta estabilidad macro-económica, apoyada en un endeudamiento monstruoso y corrupción pasada y presente que nos avergüenza internacionalmente.
En definitiva, nuestros líderes políticos son verdaderos tullidos en conducta, que simulan ser cojos y tuertos olvidando que cuando el cojo se sienta y el tuerto duerme se nota más si son personas especiales o farsantes pidiendo el voto como limosna.