Cuando la fotografia nos atrapa

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La fotografía,   como posibilidad  de reproducir  a través del lente y del gatillo un sujeto  u objeto, gracias a  la cámara, y  a la destreza de  un operador. El  fotógrafo o la fotógrafa produce en el vidente múltiples efectos en los que se entremezclan: el tiempo, la memoria, el espacio y el pensamiento.

Muy compartida por las mayorías, las fotografías del tiempo nos evidencian personajes que definitivamente comparten nuestra cotidianidad enmarcados y colocados encima de una cómoda, de una repisa, de una mesilla, o bien guardados en un álbum de fotos de familia.
Son figuras de seres que fueron y que ya no son, pero que siguen siendo, por todo el imaginario que produce una sonrisa, un gesto o una marca de familia, aquellas que suscitan en el escenario de nuestras fantasías.
La relación al tiempo convoca en cada sujeto humano una mirada sobre sí mismo, que por muy externa que parezca, contrae significados de memoria insoslayables, pues verse bebé, niño, adolescente, joven o viejo, gorda o flaca, son referentes sicológicos de sí mismo en nuestros procesos de vida que nos invitan a detenernos sobre diferentes peldaños de la existencia y actualizarnos en preguntas cuyas respuestas tenemos hoy, pero que hace quince o veinte años solo teníamos las preguntas…porque es el tiempo que nos dará las razones de lo que fuimos…En este aspecto la fotografía es un documento visual cargado del lenguaje retenido de la vida. Es el secreto revelado, descubierto, destapado y expuesto a todas las miras…
El semiólogo francés Roland Barthes, maravillaba su auditorio libre cuando abarcaba el tema de “la fotografía” como la manera de retener el tiempo en un instante y fijarlo para siempre en esa imagen. Por eso es importante volver a sus refelexiones y obra de semiología y filosofía, sobre todo, si retomamos su exquisito ensayo “La chambre Claire”, (La cámara lúcida), donde se establece que en la fotografía vale evocar sus conceptos de “studium” y “punctum”, para hacerlo más comunicativo y establecer lo intencional y lo espontáneo, lo consciente y lo inconsciente, lo interno y lo externo de una fotografía.
Es importante en nuestro mundo de este siglo XXI, atrapado en la velocidad de la imagen fotográfica, detenernos a meditar sobre la descarga frenética de los lenguajes y mensajes fotográficos que nos vienen del inmediatismo de la información y que se vuelven un torbellino, una tornada visual que invade el cerebro clínicamente y le impide pensar y analizar lo que se ve…
Para ello, el filósofo y semiólogo francés enfoca en su ensayo un despliegue de referentes como el “ca a été”, eso ha sido , o eso fue que llama a reflexionar y a pensar sobre el detalle, el objeto, el código y el signo que aparece en una fotografía y atrae la atención de un espectador.
Es ahí donde se entiende el “punctum”, en la emoción y en el interés de un detalle dentro de la imagen que la libera del referente exclusivo y único del análogo, es decir, de la analogía, para entrar y compenetrarnos con los símbolos, haciendo arte con ese sujeto u objeto que parte del ojo del fotógrafo (a) y pone a latir el corazón del espectador.
Cuando una imagen fotografiada provoca ese pellizco de la emoción no puede haber duda, pero también, cuando el ojo se pone a jugar con la forma, el cuerpo, el espectrum, así como lo hacía ManRay en sus juegos ópticos de mujer-violín -violoncello.
Cuándo un fotógrafo o una fotógrafa busca en su imagen elementos como: composición, luz, contrastes, ideas, discurso, emoción… es indiscutible que estamos frente a una obra de arte, o alguien que va a lograrla. Muchos lo han cuestionado, entre ellos el poeta Baudelaire, que se negaba a ver arte en una foto y en el arte de fotografiar.
Por encima de todo, captar la luz, distinguir el momento preciso de darle o girar al gatillo, vivir esa tensión de captación de una imagen, solo un artista lo logra. No importa que el intermediario sea un objeto técnico y mecánico como la cámara.
Diríamos que con la fotografía también se hace mucho arte, pues es un medio visual que acompaña muchos lenguajes, tanto en las instalaciones, como en la pintura, un recurso fundamental de las manifestaciones más actuales y emergentes de muchos artistas.
Es importante destacar artistas contemporáneos que tienen mucho éxito en “la fotografía” como recurso. La artista dominicana residente en New York Iliana Emilia García concentra en su obra fotográfica una gran intensidad en el punctum, es decir, en esa capacidad de captar el símbolo en una obra “Homeland”, que representa el trazo de una silla campesina de guano, en la arena mojada de una orilla del mar; y esa foto por el referente del trazo, de la huella, mar, destierro, marca en su totalidad minimalista la realidad de la emigración, del exiliado, del desterrado con esa dicotomía del campesino frente al mar. Es una fotografía que libera el lenguaje, la palabra, y nos transporta a un mundo donde el imaginario toca la realidad.
Esta foto la presentamos en nuestro trabajo de curaduría en el primer Festival Caribeño de la Imagen en la isla Guadalupe, en el año 2015, celebrada en el Mémorial ACTe, a cuya inauguración asistió el presidente francés Francois Hollande. Causó un gran impacto por su fuerza simbólica que va más allá del objeto fotografiado. Este festival, marcó una dirección muy interesante porque trató la fotografía desde el concepto de la imagen, abriendo un campo de experimentación muy amplio desde el punto de la fotografía como huella y archivo de memoria, hasta las propuestas más experimentales y renovadoras donde se destacó Nadia Higgins, quien presentó una obra fabulosa sobre los cuerpos de los adolescentes tirándose al mar en un burbujeo de aguas que se confunden con luces. Artista cuya obra tenemos presente en el Museo de Arte Moderno y que desde nuestro juicio crítico es un gran logro de Fotoimagen 2016, contar con esta participación en el país.
Cuando una fotografía nos pellizca y nos pone a flor de piel, entonces no creo que haya que dudar que estemos frente a una obra de arte.
El Caribe y Latinoamérica están dando grandes pasos en el mundo, exhibiendo sus obras, como por ejemplo David Gums, de la isla de San Martín, que recurre a la imagen numérica para establecer formas que constituyen referentes a lo visible y a lo invisible, perceptibles en su serie “Fuera de campo”.
Pedro Abascar, cubano, enfoca la ciudad de La Habana, sacando desde su mirada una gran exploración de dicha capital, que confirma que la fotografía en Cuba tiene una gran diversidad de expresiones ligadas a su entorno existencial como es el caso del también cubano Rafael Villares.
La fotografía en Cuba tiene la misma fuerza de todas las expresiones artísticas. Podríamos destacar un sinfín de nombres de artistas tanto en el continente latinoamericano como en las islas. En relación a República Dominicana, la Muestra de Fhoto Imagen 2016 permitirá a cada espectador medir las propuestas más contemporáneas y apreciar la calidad de la factura fotográfica y artística más actual.