Cuando la sexualidad es un estigma político

27_03_2019 HOY_MIERCOLES_270319_ Opinión10 A

Vivimos en una sociedad que presume de libertad e igualdad, del libre desarrollo de las ideas y preferencias sexuales, con un grupo de la población heterosexual que descubre y asume cada día la homosexualidad, siendo frecuente ver jóvenes parejas del mismo sexo, caminar de la mano por las calles de la Zona Colonial.
Celebramos la concentración del orgullo gay, durante el cual se da cita un público diverso. La representación de la homosexualidad parece ganar cierto espacio y tolerancia, algo que desafió la presencia del pasado embajador de EE.UU, y su pareja, llegando algunos a desear que el matrimonio gay se establezca en el país.
Mientras el calificativo de ‘homosexual’, sigue siendo una agresión que remite a la homofobia en una sociedad machista, donde es frecuente insultar bajo el simple calificativo de “maricón”, sinónimo de debilidad con connotaciones semánticas superiores al calificativo de ladrón. Aunque la sociedad ha tenido y tiene sus “maricones” famosos, que de alguna manera han gozado del aprecio y respecto social, incluso en la era de Trujillo, cuando el solo alarde de las preferencias sexuales ponía en juego la vida. Escondiendo los hombres sus preferencias en el matrimonio, a veces consentido por la mujer, que sabe con quién se está casando, práctica que disminuye, cuando se sale del closet, para formar familia del mismo sexo.
Pero ser homosexual sigue siendo tabú, en una sociedad conservadora, donde cada cierto tiempo aparece la reseña de asesinatos de homosexuales, incluyendo figuras públicas, viéndose afectada incluso la clase política, estigmatizada,- a causa de sus preferencias sexuales – siendo significativo el número de funcionarios, que han sido y son calificados de “maricones”, forma de atacarlos políticamente, que no pone en riesgo, ni la posición, ni el estatus.
Otro aspecto de la sexualidad que atrae la atención, es la infidelidad de los gobernantes, tradicionalmente aceptada, aunque exacerbada para algunos, que han obviado que del poder emana cierto aroma seductor, que convierte a individuos carentes de todo atractivo en inesperados donjuanes.
Creer que las preferencias sexuales inciden en el desempeño de la gestión pública, es una gran falacia, demostrada por la historia amorosa de otros países. Por ejemplo, en Francia, sus gobernantes, desde prelados de la Iglesia (Richelieu) hasta presidentes contemporáneos (Mitterrand, Hollande) se han visto envueltos en escándalos amorosos, que tumban gobiernos, pero jamás ponen en riesgo su permanencia en el poder. Siendo cada vez más frecuentes que los políticos se divorcien y, develen públicamente su homosexualidad, ya que se trata de sociedades donde la sexualidad no incide en la manera en que se gobierna un país, o se desempeñe un rol.
Un abismo moral y filosófico existe entre el homosexual y el homosexual ladrón, que nada tiene que ver con sexo -de aquí que ciertas sociedades prefieran la verdad de los hechos-. Vale decir un homosexual, un mujeriego asumido (Bill Clinton) que un hipócrita heterosexual, corrupto, modelo de marido fiel.
Relacionar homosexualidad e híper sexualidad al mal gobierno, implica retroceder perceptivamente, frente a la libre sexualidad responsable. Pero sobre todo llama a reflexionar sobre nuestra hipocresía post moderna, ya que parece tener más incidencia en la ciudadanía el saber que un presidente tiene muchas mujeres, o que un funcionario sea homosexual, que asumir que sea corrupto, farsante, títere, violador y demás.
Lo cierto es que las historias de cama generan mayor interés en la ciudadanía, que conocer los millones que un funcionario tiene en un paraíso fiscal. Lo demuestran las redes sociales al mostrar las reacciones de los internautas tras difundirse las eventuales preferencias sexuales de los involucrados en escándalos políticos recientes:
¿Indica esto que aun no se logra ver la dimensión del daño social, cuando las personas usan el poder sin pudor, protegidos en la doble moral? Lo que sí indica es que un escándalo político, acompañado de una historia de cama puede hacer, hoy, más daño que las denuncias de casos de corrupción o exceso de poder, al permanecer más tiempo la “noticia” sexual en las redes, alimentando la morbosidad de la gente. Que suele olvidar que ser homosexual o mujeriego no influye en el desarrollo gerencial de un buen gobierno: el respecto a los principios y apego a la ética, no conoce de preferencias sexuales, sino de rendimiento de cuenta y calidad humana en el poder.