Cuando los pueblos buscan “Idol” o  ídolos

Causa regocijo esperanzadores los triunfos de dominicanos en escenarios internacionales. Pero cuando esos triunfos desatan euforias que se aproximan a la idolatría popular dentro de sospechas de manipulaciones orquestadas entre empresas publicitarias o comerciales y abonados por ingredientes políticos; constituye una obligación analizar por qué y cómo se generaron tanto los triunfos como las reacciones que concitaron, cuáles podrían ser las consecuencias si los ídolos forjados terminan resultando falsarios y si su surgimiento ha sido consecuencia de vacíos o frustraciones preexistentes en pueblos que andaban tras la búsqueda, sincera o como pretexto, de ídolos.

La tradición occidental dominada por el judeo – cristianismo, está llena de ejemplos de cómo caen víctima de idolatrías aquellos pueblos dominados por desesperanza, vacíos y frustraciones. En el libro en que las escrituras narran la salida de los hijos de Israel del territorio egipcio, Éxodo, consta como fue erigido un becerro de oro tan solo por que su conductor, Moisés, tardaba en descender del monte en que recibía los mandatos divinos.

Desde entonces hasta ahora, en lo espiritual – religioso y su derivación terrenal correspondiente al liderazgo, estas amenazas han venido afectando el ejercicio idóneo de ídolos y líderes. Es el caso cuando surgen ídolos, o la palabra cercenada por la agresión de nuestro lenguaje, promovidos por manipulaciones publicitarias que tienden a convertirlo en instrumento de sus promotores, sin poder determinar la correlación de fuerzas entre participantes. Cuando emanan como consecuencias de un vacío de liderazgo que encarne valores y aspiraciones nacionales; o de frustraciones de expectativas forjadas por un liderazgo que termina contribuyendo al progreso de la degradación y descomposición social vía la connivencia o complicidad entre vasos comunicantes del desorden  y la corrupción.

Cuando se inscriben en el aprovechamiento de la competencia partidaria y actúan como tránsfuga del oportunismo reinante, pasándose de un bando luego de ser apoyado por otro.

Los nuevos ídolos así surgidos, a pesar del delirio despertado en ciudadanos, terminarán en idolatría falsaria que los hará precipitar de sus altares por convertirse en incapaces de satisfacer las exigencias de sus adoradores. Una idolatría pírrica y efímera, vana y superficial, que hace tremendamente riesgosa su exaltación y que traducirá más mal que bien a la misma sociedad que la buscaba.

Con ello se asestarían nuevos golpes, nuevas frustraciones, a una sociedad hastiada de falsedades, de hipocresía en liderazgos, abonándola y convirtiéndola en caldo de cultivo para el surgimiento de peligrosas aventuras no solo en la fuente de surgimiento de las idolatrías sino en todos sus estamentos, incluyendo los políticos y sociales.