Cuando un poeta muere, se apaga un sol en el universo

(Al poeta José Rodríguez, in memóriam)
Don Juan Bosch tenía un alto valor sobre los poetas, lo escuché decir en algún momento que eran una especie de profetas que veían más allá que todos los mortales y que tenían la capacidad de predecir cosas. Cuando hacía esta analogía hablaba en ese momento de nuestro poeta nacional, don Pedro Mir, con quien cultivó una profunda amistad y a quien admiraba grandemente, porque don Juan gozaba la poesía.
Este preámbulo viene porque el viernes 15 de enero de este 2016, -que nos ha traído mucho luto a la familia del arte y la música- me desperté con la infausta noticia de que había fallecido el poeta José Rodríguez, a quien vi por última vez en el Aquelarre Poético del primero de noviembre del 2015, que es una reunión que convoca el también poeta Luis Carvajal, a todos los poetas y aspirantes a serlo, a leer sus creaciones en la arena de la playa del Club Universitario.
Le vi ahí sonriente, en sus aguas, delgado pero el mismo ser que siempre fue joven, siempre fue niño. Lo conocí desde que formó parte de CONVITE, luego fuimos vecinos por varios años en la urbanización Olimpo. En el 1996 trabajó conmigo en la producción del Programa Con el Consumidor cuando lo hacíamos en Televida, el canal de la iglesia católica.
Fue un gran creador, productor de textos hermosos para el programa, tenía ideas brillantes, miraba más allá que todos en el grupo, era un ser diferente y al observarlo pensé en lo que decía el profesor Bosch sobre los poetas.
José era como un niño, sin nada de malicias, se reía tal cual adolescente en la edad del pavo. Era un ser desinteresado, humilde hasta la preocupación, ya que con su talento pudo haber alcanzado la gloria,-qué se considera gloria? Un premio en metálico? No creo que le interesara, pero tal vez por su humildad Dios lo haya acogido en ella- porque no la persiguió, aunque creo que la encontró en la humildad de su existencia.
Vivía escribiendo siempre, pienso que debe haber textos por doquier, los poetas siempre buscan la forma de expresarse. Esta vez, José Rodríguez, el poeta, se expresa con su partida de este mundo, pero quienes llegaron a tratarlo, como me tocó a mí, puedo decir que era un ser de otra galaxia, que el espacio físico que le toco vivir no era el suyo.
Fue joven siempre, su pensamiento era de vanguardia, en sus escritos, al menos para los textos que hacía para los guiones del programa, expresaba la misma coherencia de cuando lo conocí en Convite.
En el Olimpo, donde fuimos vecinos, todos valoraban su respetuosidad, su solidaridad, su humildad y nunca se le conoció conflicto con nadie, ni siquiera con su hermana, la arquitecta Rosa María. Ellos se ocupaban de cuidar a don Jota, el viejo padre que conocí, con la misma madera de gente de bien como fue José.
En este mundo el que se crea perfecto que tire la primera piedra. Solo la perfección es dueña de Dios y estamos muy lejos de ella, José Rodríguez fue ante todo un ser humano con muchas luces, un excelente trabajador de la cultura, un poeta que nos deja como un sol que se apaga, que deja luces en los vitrales de quienes tienen la capacidad de ver en él ser humano sus luces antes que sus sombras.