Cuatro artistas cimeros y emblemáticos

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Desde que se instituyó el Premio Nacional de Artes Plásticas e inicialmente se confirió a Darío Suro, ese laurel ha coronado a maestros de alta reputación, de obra mayor y, casi siempre, con cualidades humanas que acompañaban al genio creador.
Siendo reciente la atribución de ese reconocimiento al talento, la producción y la persona, varios artistas dominicanos sobresalientes no pudieron recibir en vida la máxima consagración oficial. Se confirió entonces este homenaje a figuras magistrales dominicanas fallecidas, de contribuciones excepcionales al desarrollo cultural y al patrimonio artístico nacional. Así, en 2011, esta distinción –entonces puramente honorífica– se había otorgado a Paul Giudicelli, Gilberto Hernández Ortega y Cándido Bidó.
Lo mencionamos porque el renombre supremo simultáneo era solo a título póstumo y puramente honorífico.
Este año, el reconocimiento alcanza a cuatro artistas vivos, con las recompensas materiales correspondientes, y no a uno solo según imperaba la premiación.
Este cambio capital, propuesto ahora por el ministro de Cultura, se institucionaliza por una resolución presidencial: desde el 2019, será un “cuarteto” de maestros que, además, habrán podido ilustrarse en cualquier categoría: pintura, dibujo, grabado, escultura, instalación, fotografía o video. Esta modificación bienvenida corresponde a nuestra actualidad artística pluridisciplinaria.
Si se preguntan cómo, anualmente, podrán premiar a cuatro artistas, las inquietudes no se justifican, sobre todo con la ampliación de las categorías.
Tenemos muchos grandes artistas, y, como mero ejemplo, la fotografía, hoy admitida, testimonia esa generosidad.
Jorge Severino, Domingo Batista, Amable Sterling y Bismarck Victoria son los cuatro maestros premiados. Haremos un brevísimo señalamiento de sus respectivas excelencias.
Jorge Severino y la pintura Jorge Severino ha ido demostrando una habilidad y una conceptualización ascendentes. Desde sus inicios, se caracterizó por la elegancia y la precisión en la figura humana, los rostros perfectos, la lozanía del cuerpo. Él exalta, con gran refinamiento de ejecución y colorido, los rasgos físicos afro-antillanos, los atuendos y la mitología correspondiente.
Destacando la nobleza natural de la mujer y la situación social que merece, Jorge Severino es el gran intérprete de la belleza heredada del África ancestral.
Domingo Batista y la fotografía. Domingo Batista, reconocido internacionalmente, es dueño tanto del amanecer como del crepúsculo en busca de imágenes emocionales. Su obra de luz vibra de amor por la naturaleza, por la gente, por los valores eternos.
Hubo una gran aventura compartida: la prolongada amistad fotográfica de Pedro Mir y Domingo Batista. El poeta nacional dedicó a las fotografías de Domingo Batista no solamente su inconfundible verbo-melodía, sino que volvió a emitir conceptos filosófico-estéticos, motivados por lo que llamó “el gran arte del siglo”.
Amable Sterling y el dibujo. Amable Sterling, premiado como pintor, es heredero de los clásicos por el virtuosismo de un dibujo y su anatomía, incomparables. Calificado como “renacentista”, su excelso rigor formal ha evolucionado hacia el realismo crítico, el simbolismo y el mito, antes de experimentar el “collage”, aun una abstracción que sorprendió, y más recientemente, la temática del Cristo crucificado.
Su carrera ha sido marcada también por la entrega al profesorado de arte, y, en base a investigación y oficio, él ha escrito un excelente manual de dibujo.
Bismarck Victoria y la escultura. Bismarck Victoria es el escultor magistral que más integra escultura y arquitectura. También destacado en pintura y obras sobre papel, demuestra una extrema pulcritud, la fase preparatoria sumando estudio e investigación. Su precisión, casi matemática, se enriquece por el procedimiento digital que él maneja como experto.
“Su pensamiento artístico sobresale en su trabajo tridimensional asumido como creación de cuerpos abstractos y simbólicos orientados en un tiempo-espacio genésico. El escultor convierte la materia (…), en viaje hacia el origen, identidad y lenguaje de las formas, poesía material y visual”, dice Odalis Pérez.