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LA HABANA (EFE).- Cuba no espera grandes cambios en la política de EEUU independientemente de quien gane las elecciones, aunque altos funcionarios admiten que será difícil superar el grado de tensión alcanzado con el gobierno de George W. Bush.

   Cuba, que acaba de apuntarse un tanto con el rechazo abrumador al embargo impuesto por Estados Unidos conseguido en la Asamblea General de Naciones Unidas esta semana, ha seguido con mucha atención el proceso electoral de su vecino y enemigo histórico.

   Durante las últimas semanas, los medios oficiales cubanos han arremetido con dureza contra el presidente Bush y se han hecho un amplio eco de las campañas en contra de su reelección.

   La Habana ha acusado a Bush de elevar gratuitamente la crispación en las relaciones bilaterales e impulsar planes “anexionistas” bajo el pretexto de buscar una supuesta transición democrática para la isla.

   Los “desencuentros” entre La Habana y Washington alcanzaron uno de sus momentos más delicados el pasado año, cuando Cuba acusó a EEUU de planear una agresión contra la isla y justificó la ejecución de tres secuestradores de una lancha para evitar un éxodo masivo que, supuestamente, podría haber provocado un conflicto armado con Estados Unidos.

   Los presuntos intentos intervencionistas de EEUU figuraron también entre los argumentos esgrimidos para explicar la ola represiva que llevó a 75 disidentes a la cárcel en la primavera de 2003.

   Las medidas adoptadas por Washington el pasado mayo para endurecer el embargo y restringir los viajes y el envío de remesas a Cuba añadieron un grado más a la tensión existente y dieron al presidente cubano, Fidel Castro, una justificación para incrementar los precios de los productos en dólares.

   Las presiones de EEUU sobre bancos extranjeros para impedir que acepten los depósitos de Cuba en dólares provocaron una nueva reacción de La Habana, que esta semana anunció la “desdolarización” de la economía cubana y, según algunos analistas, entró de lleno en los últimos días de la campaña electoral estadounidense.

   Altos funcionarios cubanos reconocieron que un presidente demócrata probablemente no habría ido tan lejos, aunque descartaron que la situación cambie sensiblemente en caso del triunfo de John Kerry en las presidenciales del 2 de noviembre.

   La posible victoria de Kerry “sería más de lo mismo”, dijo hace unas semanas el presidente del Parlamento cubano, Ricardo Alarcón.

   “Habría que saber qué piensa Kerry y qué haría. Por lo que ha dicho parece que con él sería más de lo mismo”, comentó.

   Sin embargo, Alarcón reconoció que, probablemente, Kerry no habría aprobado el paquete de medidas que impulsó Bush en mayo y no habría llevado las relaciones a este grado de tensión.

   Tras las elecciones, con independencia de quien resulte ganador, La Habana espera un cierto “relajamiento” en la aplicación de las medidas de mayo.

   Bush, al estar en su último mandato, no tendría demasiado interés en agravar la tensión con la isla, según altos funcionarios cubanos, que confían en que, en caso de triunfo, Kerry no aplicaría con rigidez las medidas.

   Una derrota de Bush, sin embargo, podría elevar el riesgo para Cuba hasta la toma de posesión del nuevo presidente, el próximo 20 de enero.

   “En los meses de tránsito, el efecto provocación está ahí”, en opinión de un alto cargo cubano, experto en política estadounidense.

   Además, “independientemente de quien gane, hay cuestiones de la política del bloqueo (embargo) que no van a desaparecer”, agregó.

   Las autoridades cubanas no han anunciado aún qué hará Castro durante la jornada electoral del 2 de noviembre.