Cuba y el nuevo desafío para la República Dominicana

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Hace algunos años se advertía el temor de que cuando Cuba se abriera a este lado del mundo, nuestro turismo iba a sufrir serio deterioro, pero quienes confiamos en el “don” que caracteriza a nuestra población, nunca nos preocupamos porque turistas que visitan a las dos islas se decantan por la hospitalidad, la solidaridad y la vocación de buen servicio que tenemos los dominicanos.

Hasta ahí todo bien, pero al renovarse las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, la historia ha dado un giro tan brusco que debe ponernos a pensar con una visión estratégica lo suficientemente alta como para reprogramar asuntos como lo es la seguridad jurídica entendida desde todo lo amplio del concepto, para que la inversión extranjera no se vaya o por lo menos la podamos compartir.

Sin haberse establecido las embajadas, al aeropuerto de Miami llegan todos los días vuelos desde los distintos puntos de Cuba: desde Santiago, Camagüey, Santa Clara, La Habana, pero no uno solo, varios al día. Pude contar en la pantalla que había más vuelos desde Cuba que desde y hacia la República Dominicana.

Cuba nos lleva cien años en muchísimas aéreas como: la investigación científica, la medicina, la educación, disciplina, respeto por las leyes y otras que son suficientes como para adelantar que en muy poco tiempo se convierta en el Singapur del Caribe.

Tiene todas las condiciones para que así sea. Solo en el plano de las normas técnicas tienen aprobadas más de tres mil normas, todas acreditadas, mientras nosotros no llegamos al millar, esto significa que para la inversión están listos para el arranque sin tener que esperar que sean aprobadas.

Tienen una capacidad técnica expresada en recursos humanos habilitados para trabajar y ya existen cientos de trabajadores laborando para el sector privado.

La inversión extranjera requiere de respeto por las normas y las leyes y ya eso de por sí nos coloca en desventaja, porque ese respeto implica disciplina, otro valor que buscan los inversionistas que quieren ver garantizado el retorno de sus capitales.

En el año 2006 estuvimos en Singapur; en ese país, la disciplina de los ciudadanos ha propiciado un clima para la inversión donde podemos decir que no hay pobres. Existe pleno empleo, es un país donde-para solo mencionar algunas-, como las reglas de higiene, son tan elevadas que está prohibido masticar chicle y fumar en las calles, porque las mismas son lavadas y una goma de mascar implica un estrago.

Pero Cuba, cuyas puertas del occidente les fueron cerradas por más de 50 años, se abrió hacia otras latitudes estableciendo relaciones diplomáticas y solidarias con todos los países africanos y del Oriente del planeta, lo que le facilitará colocar sus productos e intercambiar con todos los países del planeta.

Una medida a tomar como iniciativa propia y que sugerimos, será la de establecer un acuerdo de libre comercio entre las dos islas, de tal manera que entre ambas el intercambio permita llevar nuestros productos a ese nuevo mercado.

Los inversionistas dominicanos tienen a dos horas un nuevo nicho donde no solo podrán invertir, sino también buscar socios viables por las ventajas comparativas que produce una alianza donde se habla el mismo idioma y donde el consumo de bienes por las simetrías culturales nos hace parecidos.

Podríamos intercambiar alimentos y medicamentos. Cuba tiene patentizada una amplia gama de productos medicinales, desde vacunas y otros productos esenciales que podrían contribuir a obtener medicamentos a mejores precios que los que tenemos en estos momentos en el país.

De modo que nuestro horizonte no debemos detenerlo en la parte occidental de la Hispaniola, sino cruzar una hora más para allá y conquistar nuevos socios comerciales, porque amigos de los cubanos somos todos desde José Martí a Máximo Gómez, desde Juan Bosch a Fidel Castro.