“Cucuso” Santana, un campeón con suerte

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POR CARLOS NINA GóMEZ
El país dominicano, en su discurrir por el mundo del boxeo profesional, ha escrito páginas especiales.  Gracias a la calidad, entereza, disciplina y gallardía de muchos de sus boxeadores, República Dominicana se inscribe entre las naciones de habla hispana con un respetable número de monarcas mundiales.

Tras la otención del primer título del mundo (29 de junio, 1968), cuyo honor lo tiene el inolvidable Carlos “Teo” Cruz, quien logró el cetro ligero al derrotar en 15 asaltos al boricua Carlos Ortiz, otros gladiadores quisqueyanos trillaron el mismo camino: el camino de la conquista de campeonatos del mundo.

Luis -Cucuso- Santana, un modesto peleador nacido en La Romana -esta ciudad, localizada en la pujante región oriental, a unos 101 kilómetros de Santo Domingo, y donde los boxeadores se dan silvestres-, figura en la exclusiva lista de titulares universales dominicanos.

Aunque expertos del boxeo, horas antes del púgil caribeño tener la fortuna de ganar el campeoanto mediano junior (154 libras) escribieron -y comentaron por radio y televisión- que “este fue un título de pura chepa”, el mérito no se le debe regatear a este campeón nuestro, según la opinión de otros especialistas.

El pugilista romanense, que realizó la mayor parte de su carrera en Estados Unidos, en particular en Nueva York, ciertamente, no fue un boxeador de calidad suprema. Y mucho menos dueño de una gran eficiencia técnica, ni potente con sus puños. Pero sí organizado, con disciplina, entregado al gimnasio y siempre lleno de optimismo al momento de subir al cuadrilátero a batallar, sin importar el rival que tuviera de frente. La realidad es que fue un campeón mundial con “mucha suerte”, según expertos locales.

Santana, uno de los tres medallistas de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1978 celebrados en Medellín, Colombia, también merece -apuntan expertos- un sitial de primer orden en la historia del boxeo pagado de República Dominicana.

Porque, precisan, el sólo hecho de conquistar un cinturón mundial, no importa en la cincustancia que lo obtuviera, merece ocupar un lugar de privilegio en la historia boxística nacional.

LA CONQUISTA

Luis -Cucuso- Santana sorprendió al mundo del boxeo con la conquista del campeonato mundial de los medianos juniors.

Logró el cetro de las 154 libras, autorizado por el Consejo Mundial de Boxeo (CMB), al derrotar -aunque por descalificación- a un gran estelar de nombre Terry Norris.

La victoria sorpresiva del criollo se registró el 11 de diciembre de 1994 en un combate montado en Ciudad México, Distrito Federal, donde tiene su sede el CMB, organismo que desce hace 25 años lidera el veteranísimo directivo mexicano José Sulaimán.

Lo que aconteció aquella noche ante más de 30,000 fanáticos que pagaron sus boletas para disfrutar de un cartel internacional, fue de “locura”.

Porque nadie, ni el más optimista (compatriota del quisqueyano) soñó con un triunfo del romanense.

Norris, quien había hecho historia venciendo a los más capacitados pugilistas, entre ellos a Sugar Ray Leonard a quien -en febrero de 1991- vapuleó a puros puñetazos, perdió por descalificació la faja ante Santana.

Norris, en el quinto round, sumó muchos golpes ilegales; más de los que había conectado en los anteriores asaltos. Y el árbitro del pleito, cansado de llamarle la atención al campeón estadounidense, lo descalificó. Y levantó la mano derecha de Cucuso Santana, quien pasó a ser el nuevo monarca mediano junior del CMB.

Por mandato del comité de campeonatos mundiales del CMB, cuatro meses después (4 de agosto de 1995), se realizó un segundo combate, esta vez en uno de los lujosos hoteles de Las Vegas, estado de Nevada.

¿Y saben lo que ocurrió? Aunque parezca increíble, exactamente el mismo negativo episodio: Terry Norris volvió conectar golpes ilegales. Y la historia se repitió: Victoria del dominciano por descalificación del estadounidense y de esa manera retuvo su “raro” título mundial mediano junior.

LO QUE ERA DE ESPERARSE

Los asesores de Terry Norris acnsejaron a su pupilo a que aprovechara la “gran oportunidad” que le daba el alto mando del CMB. Es decir, ir a una tercera pelea con el afortunado campeón mundial dominicano. Según los críticos, en esta tercera pelea, otra vez en disputa la corona, Norris sólo tenía que pelear limpio. ¡Y la historia se iba a escribir de otra manera!

Así ocurrió: Norris no tuvo ni siquiera que emplear todos sus recursos ténicos -que eran bastantes- para fulminar al quiesqueyano. Lo noqueó en el segundo asalto para recuperar el cetro mediano junior de la CMB.

A partir de aquel terrible momento, Cucuso Santana, quien nunca fue un boxeador eficiente, comenzó a dar tumbos. Y a no presentarse cuando iba a realizar combates en busca de una nueva oportunidad en la reconquista de la faja, en la mejor forma físico-técnica.

Tras ser atropellado por Norris, Cucuso Santana fue derrotado en tres ocasiones seguidas. Perdió aquellas tres veces por la misma vía: ¡Nocaut!

Su carrera comenzó a derrumbarse. En su mente sólo estaba el gran recuerdo de haber derrotado, no importa en qué circunstancia, dos veces, al estelar Terry Norris.

El mexicano José Concepción, el 11 de dciembre de 1998, le propinó a Cucuso Santana -en una pelea del peso welter- una humillante derrota por nocaut en el segundo asalto.

Pero el quisqueyano, que siempre demostró tener mucha vergüenza deportiva y quien levant{o con orgullo la bandera de su país, ganó aceptables bolsas. Hoy, de acuerdo con informes fidedignos, su estatus económico no es el de un andrajoso.

Supo -según dicen sus familiares y allegados más cercanos- invertir con habilidad e inteligencia el dinero que con mucho sacrificio devengó tirando y recibiendo golpes.

En la actualidad, Cucuso Santana no vive de la caridad pública, como ha ocurrido con decenas de ex-campeones mundiales que por malgastar sus fortunas hoy están en la indigencia, sin que nadie se apiade de su desgracia económico-social.