Cuentos de Paco Escribano

Cuentos de Paco Escribano

Rafael Tavares Labrador era el nombre de un gran humorista dominicano, más conocido por el nombre artístico de Paco Escribano, que tuvo enorme popularidad durante la década del cincuenta.

Autodenominado Rey del disparate y Archipámpano de la carcajada, deleitaba en horario del mediodía a través de la radio a la casi totalidad de la audiencia nacional.

Basta citar algunos de los cuentos del repertorio de este versátil artista para tener una idea aproximada de su talento.

Uno de ellos alude a la sugerencia del propietario de una ferretería a un joven y novato empleado.

-Si un cliente pide algún artículo que no tenemos, menciónale otros que podemos ofrecerle, porque la finalidad de todo establecimiento comercial es vender.

Poco después entró a la ferretería una señora solicitando un rollo de papel sanitario y la respuesta del dependiente le llegó de inmediato.

-Doña, de ese papel no hay, pero tenemos de lija.

Otro relato tiene como personaje a un pulpero, que a uno de sus hijos que lo ayudaba en el negocio le preguntó si había hecho el “trabajito” a la balanza para que marcara un par de onzas de más cuando se pesara en ella algún producto.

Y al escuchar su respuesta afirmativa, le dijo con cara de fiel creyente: cierra la pulpería, que vamos para la misa de las seis de la tarde.

Relataba Paco el diálogo que sostuvieron un ferretero que vendía unos calderos de baja calidad, los cuales se derretían después de algún tiempo de uso y un cliente que compró uno con moneda falsa.

-Al freír, será el reír- dijo con sorna el comerciante.

-Y al contar, será el llorar- respondió con risita burlona el cliente.

Un cuento que disfruté fue el del hombre a quien mientras lo recortaba, su barbero le dijo que una mañana en que interrumpió la faena para ir a su casa, porque estaba padeciendo un ataque gripal, encontró a su mujer con otro.

-Lo siento, debió usted sufrir mucho- dijo con cara apenada el hombre cuyos cabellos recortaba el fígaro.

-No me malinterprete, porque fue con otro catarro peor que el mío con lo que encontré a mi mujer.

Al cliente le hizo gracia la ocurrencia, por lo que le hizo el mismo relato a un amigo poniendo como personaje a su esposa.

-Hacía tiempo que estaba por hablarte de esos cuernos, pero nunca saqué valor- respondió su interlocutor.

 

Publicaciones Relacionadas

Más leídas