Cuestión de dignidad

Toda colectividad humana necesita de reglas, normas y un conjunto de ideas que considera útiles, necesarias, que son determinantes en el proceso de construcción de su identidad. Cuando una sociedad se muestra indiferente ante la sistemática violación de los principios elementales en que se fundan esas reglas y normas, es porque en la misma existen claros signos de enfermedad que se generaliza, la disgrega y la niega como colectividad. Entre otros, el último fallo del Tribunal Superior Electoral, constituye una muestra de este aserto.

En ese fallo, ese alto tribunal, por razones políticas inconfesadas negó el pedimento de amparo de parte de más de un centenar de dirigentes del PRD, por considerar que se les violaron sus derechos de representación, al ser ilegalmente excluidos de la lista de miembros del Comité Ejecutivo Nacional, CEN, de parte de quien hasta el pasado 19 de julio ostentaba el cargo de presidente del PRD, Miguel Vargas. Durante el proceso de conocimiento de ese recurso de amparo, los miembros de ese tribunal incurrieron en inexcusables faltas de negación de justicia y de dignidad. En efecto, el TSE tenía los documentos probatorios de que los demandantes de sus derechos eran y son efectivamente miembros de pleno derecho del CEN. Por lo tanto, no tenía, como en efecto hizo, porqué pedir a la JCE las pruebas documentales para establecer justicia y mucho menos, hacerlo a través de una carta en una forma aviesamente redactada para ocultar y evadir la esencia del problema: conocer si los demandantes eran o no miembros del CEN. 

Todo eso fue demostrado por Enmanuel Esquea, en una magistral comparecencia en el programa UNO+UNO, la cual debe ser profusamente difundida como uno de los muchos hechos que evidencian el estado de descomposición, no sólo política, sino moral a la que la corporación económico/política en el poder ha llevado a este país. Como la estructura corrupta del poder político en este país hace que muchos profesionales de los que se espera otro comportamiento, se quiebran y quiebren su futuro al ponerse al servicio de quienes controlan esa estructura.

En este caso ha sido Mariano Rodríguez, presiente del TSE, quien quema su nave, al realizar tan lastimoso papel. De él se podía esperar un mínimo de decencia durante el conocimiento del juicio, de los otros sólo se podía esperar bellaquerías para justificar el sueldo que les agenciaron sus padrinos. Por lo cual, mueve a preocupación el hecho de que tantos prometedores jóvenes profesionales se sumen a la presente estructura corrupta del poder político en esta sociedad.

Preocupa, que muchos profesionales pongan sus talentos al servicio de esa estructura y que también lo hagan sectores productivos del país. Preocupa que ante ese y otros fallos del TSE, algunos de buena fe planteen erróneamente que el sector mayoritario del PRD le deje ese partido a la cáfila que actúa siguiendo el plan de neutralizarlo o destruirlo, trazado por la corporación económica que controla el Estado.   Cederle pasivamente esa organización a esa cáfila sería un nefasto mensaje a esta sociedad, sería arrodillarse ante la prepotencia de la corporación y perder una batalla inicialmente por derechos políticos y ahora, por cuestión de dignidad.