Cuestionada actitud

SAMUEL SANTANA
No deja de ser preocupante ver cómo los intereses que generan el quehacer de la política criolla apela a recursos que afectan sensiblemente la buena convivencia social.

Incluso, esta tendencia desnaturaliza la propia definición de lo que es la política en sí, en el sentido de ser el arte de gobernar a los pueblos. Por arte se entiende todo aquello que se caracteriza por la belleza, la delicadeza y la buena presentación.

En toda nación bien organizada y sustentada por los principios de la democracia, es conveniente, saludable y bueno que confluyan diversos partidos políticos. Su existencia constituyen opciones para los ciudadanos con sus distintas presentaciones de planes, esquemas y puntos delineados sobre el desarrollo, el crecimiento y la solución de los problemas.

Sin embargo, en nuestro país los líderes políticos de hoy quieren dirigir los destinos del Estado valiéndose de elementos apelativos que, paradójicamente, afectan sensiblemente la integridad de la nación.

Los nichos de simpatía entre el pueblo se quieren lograr mediante la imputación de hechos bochornosos contra el contrincante. Y se actúa sin misericordia y sin miramiento alguno. La cuestión ahora es ver quién da el golpe más duro en este sentido.

Nuestros políticos deben reflexionar profundamente sobre esta tendencia ya altamente cuestionada y por la que se pide a voz en cuello un alto.

Es una actitud muy peligrosa dado el grado de influencia que tienen los partidos políticos en el comportamiento psico-social de los correligionarios y de los ciudadanos.

Esta es una senda errada que, indiscutiblemente, creará más mal que bien.