Cuestiones de orden

La escasez de gas licuado de petróleo siempre ocasiona molestias y pérdidas económicas entre comerciantes y amas de casa.

En principio, el desabastecimiento actual fue atribuido a un conflicto laboral entre transportistas especializados y sus empleadores. Los primeros reclaman mejoras salariales y al no obtenerlas de los segundos, decidieron manipular y reducir temporalmente a la mitad el flujo de gas hacia las envasadoras.

Esta situación, según informaron en un documento dirigido a este diario los transportistas de hidrocarburos, fue superada y el transporte de gas a las envasadoras quedó normalizado desde el lunes pasado. Aún así, la escasez continúa, y según parece, la causa se deriva de problemas de otras índoles.

Es posible que estemos importando menos gas del que necesitamos debido a algún desequilibrio en el mercado interno, o que por razones financieras relacionadas con el comportamiento del mercado cambiario, los embarques de gas no estén arribando a puertos dominicanos con la regularidad necesaria.

Sea cual fuere la causa de la persistencia en la escasez de gas propano, se hace pertinente que las autoridades y el sector involucrado en la importación de este derivado del petróleo se pongan de acuerdo para buscar una solución definitiva.

El suministro de gas es un servicio estratégico con un impacto social de tal envergadura que el Gobierno subsidia en una proporción bastante alta este carburante, con tal de que llegue, principalmente, a los hogares, pequeñas empresas y transportistas de pasajeros.

Las filas de amas de casa y vehículos en las plantas de abastecimiento, en busca de gas, constituyen un verdadero fastidio y una causa innegable de pérdidas económicas.

[b]II[/b]

La otra cuestión de orden está relacionada con los servicios de los hospitales públicos.

El Colegio Médico Dominicano (CMD) sugiere a las autoridades que eliminen la cuota de recuperación que se cobra a los pacientes por consultas y otros servicios porque, a juicio de la organización, la gente no tiene con qué pagar y eso ha hecho disminuir la demanda de atenciones en los centros del Estado.

La solicitud, sin embargo, contrasta con la serie de paros que llevan a cabo médicos y paramédicos en demanda de aumento de sueldos de un 100% que sería financiado con nuevos impuestos.

La cuota de recuperación podría determinar que algunas personas hayan perdido acceso a los servicios médicos o fármacos más costosos, pero no del todo en términos generales. Sin embargo, los paros médicos son una denegación de esos servicios, una forma de hacer que los pobres paguen las consecuencias de una demanda salarial insatisfecha y un mecanismo de presión para forzar al Congreso a que apruebe nuevos impuestos para financiar el posible aumento de sueldo.

Si se tiene tan en cuenta a los pacientes, como se deduce del pedido del CMD para que sea eliminada la cuota de recuperación, entonces habría que actuar conforme a ese sentimiento y desistir de presionar por medio de los paros en los hospitales.

Consideramos que no sólo los médicos y paramédicos merecen mejoras salariales, sobre todo ahora que la devaluación ha mermado el poder adquisitivo, pero sería de justicia que sean abandonados ciertos métodos de lucha.

En el caso de la escasez de gas licuado de petróleo como en la situación de los hospitales, son los más necesitados los que están pagando los platos rotos.