Cuestiones personales

Rafael Leónidas Trujillo Molina.

A medida que los hombres envejecen van conociendo los lados menos amables de la vida. Ven morir a los amigos más viejos; acuden a mayor número de funerales, visitan más enfermos, se enteran de los dolores que afligen a las familias vecinas o amigas. Poco a poco incorporan en sus conversaciones habituales los nombres de medicamentos y tratamientos recetados a fulano o a mengano. También ocurre que sienten estar “de regreso” de muchas ilusiones ingenuas “propias de la juventud”. Sobre todo en el orden político y en el de las previsiones económicas. Fluyen entonces, espontáneamente, los llamados “recuerdos de infancia”.

Pero al mismo tiempo que las personas mayores expanden “el lado melancólico” de sus sentimientos, también dan gracias a Dios “por todo lo vivido”. Pasan una raya y hacen el balance de los asuntos fundamentales de la existencia. Y resaltan, generalmente con acierto, los hechos pelados que constituyen hitos en su tránsito por este mundo. En mi caso particular debo reconocer que de no haberme casado con mi mujer hubiese sido un “fracasado completo”. Sin su buen juicio y sentido de la realidad no habría podido criar a mis cuatro hijos. Al casarme asumí la responsabilidad de trabajar todos los días para “llevar dinero a la casa”.

Como ha ocurrido antes con miles de jóvenes, matrimonio y trabajo fueron para mi fuente de disciplina y persistencia en los propósitos. Mi mujer me ha tolerado por más de cincuenta años; sin su concurso mis hijos no hubiesen crecido con hábitos domésticos, vacunados, “vermífugados”, con atención médica, vigilancia escolar. Me tocó en suerte una mujer decente, hermosa, inteligente, responsable de sus obligaciones. De dos de cuatro hijos que me dio, proceden seis nietos que han coronado mi vida de abuelo.

Gracias a esto, he podido librarme de la pobreza, de la deshonra y de la soledad. Además, he podido “ganarme la vida” en actividades placenteras o satisfactorias: escribir libros, artículos de periódicos, producir programas culturales de televisión. He conocido algunos lugares del mundo que nunca pensé podría visitar. Habiéndome zafado de la muerte en tiempos de Trujillo, es de justicia consignar “asuntos personales”; entre los cuales, mi mujer, mi familia y escritos, han sido centros de gravedad.