Cuidado al virar la tortilla

Virar la tortilla, cuando se cocinan huevos, es riesgoso. Al cocinero inexperto puede rompérsele el invento y termina con cosa distinta: un revoltillo. Algo parecido sucede en política, especialmente cuando los ingredientes que componen el equilibrio y la paz se alteran. Uno termina con algo diferente a lo esperado.

El Presidente Leonel Fernández posee la inmensa buena suerte –que es, paradójicamente, al mismo tiempo, mala suerte— de carecer de una oposición competente y con credibilidad, que cumpla con la doble misión de contribuir a la democracia ejerciendo una leal y decidida oposición, y ofrezca la esperanza de una alternativa razonable en caso de virarse la tortilla.

Actualmente, por ejemplo, hay un innumerable amasijo de problemas que la oposición podría capitalizar.

La luz es un tollo financiero; bajó el petróleo y el transporte sigue caro; no se percibe mejoría en la seguridad ciudadana; los dramas de la mala salud y educación públicas se acentúan con la crujía del gobierno; las obras públicas se lentifican, paralizan o no arrancan según se prometió; ciertos servicios públicos ofrecidos por empresas privadas, como la telefonía móvil del líder de ese mercado, se degradan impunemente; el caos en el tránsito y la arrabalización de espacios públicos continúa… Y la lista sigue.

Cada punto citado posee la característica de irritar a un pueblo harto de oír hablar de modernidad y progreso mientras los detalles que forman su calidad de vida se deterioran.

Particularmente, yo sigo prefiriendo y confiando en el Presidente Fernández, pero cada día esa preferencia y esa confianza son más frías y requieren de mayor razonamiento, cuando el liderazgo político carismático debería concitar cálido entusiasmo y esperanza, y no cauta resignación.

Quizás sea una frescura o un atrevimiento ofrecer, públicamente, como amigo, consejo no solicitado a un Presidente. Pero como periodista, ¿qué puede uno hacer? Si callase, hasta las piedras gritarían.

A mí me parece que el Presidente Fernández debe sacudirse y rodearse de gente con ideas más frescas, dispuesta a emprender la defensa del interés de las mayorías con entusiasmo y buena disposición, para rescatar y dar brillo a todos sus atributos y reforzar su liderazgo.

En vez de aferrarse con tozuda lealtad a funcionarios cuyos fracasos hablan por sí mismos, hay que reivindicar la esperanza de poder ir p’alante.

De lo contrario, este gobierno de apenas tres meses seguirá arrugándose más y más…