¡Cuidado con la yegua de Troya!

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El Campamento Internacional Feminista Myriam Merlet para ser instalado en Jimaní y albergar a decenas de mujeres y niños afectados por el terremoto de Haití, nos coloca en alerta. Ya quisiéramos pensar que tan solo se trata de una loable acción humanitaria, bien concebida y de buena fe, para brindarle atención a tantas mujeres y niños que deambulan actualmente sin rumbo por todos los rincones de la isla.

Y no se trata del aquel famoso caballo de Troya, de la guerra histórica de atenienses y troyanos, sino, que por ser quienes patrocinan esa generosa acción, un grupo de feministas, es ahora una yegua troyana a asentarse inocentemente en la parte oriental de la isla, y que por humanidad, se permite esa presencia sin saber las consecuencias ulteriores detrás de esa filantrópica acción.

La idea de establecer el campamento en Jimaní conlleva y encierra un peligro, que por experiencia y la conducta de los haitianos, que con el pretexto de cuidar a sus familiares inundarían ese campamento en masa; en consecuencia generarían tumultos, como se vieron sus conatos en los hospitales dominicanos, pero que tendrían ser enfrentados enérgicamente por los soldados dominicanos para mantener el orden; imaginémonos qué ocurrirla si sucede una desgracia.

Estoy a favor que esa agrupación Myriam Merlet acuda en ayuda de los desposeídos de Haití, pero del otro lado de la frontera y contando con la asistencia y respaldo dominicano, que con tanta generosidad y solidaridad se ha manifestado en los pasados l8 días.

Pero los patrocinadores del campamento deben comprender la sensibilidad nacional, que si bien ha demostrado un apoyo masivo con los vecinos haitianos, no es oportuno insertar un motivo de preocupación, que haría revivir aquellas intenciones de los países amigos de Haití y también de las Naciones Unidas, cuando en la década del 90 del pasado siglo y recientemente a raíz del terremoto hablaron, presionaban con tentadoras ofertas para instalar campamentos de refugiados en territorio dominicano.

No hay dudas de que existen simpatías locales con la yegua de Troya, pero bajar la guardia de la nacionalidad por tratarse del ejemplar femenino, no debe flexibilizarse una posición ya establecida muy claramente por el presidente Fernández, cuando después del terremoto ya habían muchas voces internacionales y haitianas que acariciaban la sugerencia de ver esos campamentos instalados en el oriente de la isla.

El rescate de Haití, después que el mundo descubrió la pobreza y desamparo del país más pobre del continente, es una tarea gigantesca y honesta que durará varios años. Las promesas que por años lanzaban al aire los llamados amigos de Haití, tropezaron con la realidad de una tragedia sobrenatural y demandante de acciones reales y de las que por años se ofrecían para consumo mediático.

Tuvo que ocurrir una tragedia de la magnitud de la del día 12 para que el mundo se espabilara, y en un remordimiento de conciencia, acudieran en masiva presencia a socorrer a millones de seres, que desorientados, necesitan ahora más que comida y agua, un proyecto de nación y de esfuerzos continuos para desalentar a los que quieren sacrificar a nuestro país para asiento de Yeguas o Caballos de Troya, cuya meta es desde años hacer claudicar a nuestra nacionalidad.