Cuidar la gracia de diciembre

Contra el esencial propósito de jubiloso encuentro fraterno de la Navidad suelen aparecer unos extremos que tempranamente conviene refrenar en los espíritus. Que se pueda ir hacia las noches de brindis y convites sin traspasar las líneas de moderación que confieren dignidad a las fiestas. Convertir esa ansiada disponibilidad extra de poder de compra que llega a un sector poblacional -no exactamente mayoritario- en vías de soluciones duraderas a las verdaderas necesidades y de holgura que no da ocasión al dispendio. Los dos riesgos que más odiosamente participan del periodo pascual tienen que ver con el consumo irresponsable del alcohol que altera emociones, abre puertas a los accidentes de tránsito y estimula conflictos personales, ingesta de escasas restricciones.

Anualmente el Gobierno rompe institucionalmente las amarras que se expresan en firme horario hasta medianoche a las bebentinas en lugares públicos. La autoridad de espaldas a las pruebas estadísticas de que la tolerancia así creada intensifica diferentes tipos de violencia fuera de hogares y asientos de familia donde se resguardan mejor las costumbres. Propiciando excesos a unas deshoras que el Estado no debe fomentar. Con el cauce de sano disfrute que muchos ciudadanos juiciosos y de temperancia confieren a la hermosa tradición de la Natividad debe bastar. El populismo condescendiente con la mucha ebriedad debe desaparecer.

Alinearse con  los defensores

Nada más reconocible como el mayor riesgo actual para la humanidad que las muchas prácticas que dañan el ambiente y aceleran el calentamiento global. Con la presencia hoy del presidente Danilo Medina en la cumbre a favor del clima que auspicia la Organización de las Naciones Unidas en Madrid, la República Dominicana tiene oportunidad de mostrarse como país resueltamente adverso al curso funesto de anulación de protecciones al planeta.

El hábitat natural de esta nación quisqueyana vive ya duras agresiones climáticas. Media isla que tiende a la indefensión por elevaciones del nivel del mar, extremos de lluvias y sequías y calores insoportables agravados por malos abusos locales. Contra la gran causa obran los Estados que más contaminan unas veces desertando expresamente y otras demorando soluciones.