¡Cuidemos el turismo!

PEDRO GIL ITURBIDES
Hemos de decirlo con franqueza y sin ambages: nuestro sistema económico sobrevive gracias al turismo y a las remesas que nos mandan los dominicanos del exterior. Las monedas fuertes que sirven para importar bienes de capital o de consumo, y pagar servicios diversos, incluidos los financieros, provienen de estas fuentes. De estos dos sectores mencionados debemos agarrarnos como aquél que se ahoga y por ello se aferra al salvavidas.

El año pasado la República registró ingresos por US$3,200 millones provenientes de visitantes extranjeros. Una cifra similar, US$3,400 millones, mandaron los dominicanos que laboran en el exterior. En el mismo período las empresas de zonas francas engrosaron el mercado de divisas con US$810.4 millones. Sus exportaciones sobrepasaron los US$4,400 millones. Sus importaciones de bienes intermedios y otros, empero, sobre pasaron los US$3,000 millones. Las exportaciones tradicionales representaron ingresos por US$847.3 millones.

Pero hay otro detalle, y es el relativo al empleo de mano de obra dominicana. La hotelería nacional y negocios afines mantiene 165 mil plazas directas. Este número no incluye los dependientes de los pequeños hoteles y restoranes que la Asociación Nacional de Hoteles, Bares y Restoranes, Inc. (Asonahores), define como miembros aliados. Estos últimos fácilmente pueden estar por el orden de los cien mil puestos.

Ahora bien, ¿qué ocurrirá si damos rienda suelta a nuestras taras ladroniles, y comenzamos a asaltar los vehículos de transporte de turistas en nuestras carreteras? Que los turistas mudarán de plaza e irán rumbo a países más tranquilos y seguros. Es por eso que debemos rodear a los visitantes que nos llegan desde fuera, del mayor grado de seguridad posible.

Es atractivo colocarse un pasamontañas o una media vieja en la cabeza y asaltar un vehículo con turistas en una carretera, con el propósito de desvalijarlos. Ello copia los procedimientos de muchas películas de vaqueros.

Pero a la nación dominicana puede acarrearnos males irreparables. Si existe un negocio sujeto a las veleidades humanas, ése es el turístico. Los contingentes que se desplazan como vacacionistas y aventureros temporales a lo largo del planeta son proclives a todo llamado por nuevas emociones o conocimientos. Si en un lugar en el que están supuestos a encontrar acogida calurosa hallan rateros por doquier, mudarán de destino.

De manera que cuidemos que esta actividad marche sin turbulencias ni inconvenientes. Procuremos que asaltos en carreteras y otros hechos similares no les ocurra a ningún grupo de visitantes, sin importar la región del país a la que acudan o por la que se desplacen. El turismo y las remesas de los dominicanos en el exterior son el sostén de la economía dominicana en estos momentos.