Culmina el “año de Juan Bosch”

El 2009 ha discurrido con una exuberante hemorragia de “boschismo” por haber sido este año del centenario de su nacimiento declarado por el gobierno como el “Año de Juan Bosch”. Una de las facetas más fascinantes de Bosch es cómo atraía hacia sí a amigos desinteresados en la política. Quizás el mejor ejemplo es el de Antonio Guzmán. 

Guzmán vivía ajeno a la política hasta que un día recibió una llamada de su viejo amigo y condiscípulo del bachillerato en La Vega, Juan Bosch, a quien no había vuelto a ver desde que salió al exilio 24 años atrás. Bosch, líder del PRD, le anunciaba que iba a Santiago y quería verlo. Era ya 1962, y gobernaba el Consejo de Estado que suplantó a los restos del trujillismo cuando Balaguer fue expulsado del país. El Consejo de Estado estaba encabezado por Rafael F. Bonnelly.

“Antonio, ¡te necesito!”, le habría dicho Bosch a Guzmán. Al conversar en persona, Bosch contó a Guzmán cómo había sido asistente de Presidentes democráticos en Cuba y Costa Rica, y sus planes de revolucionar la vida dominicana, promoviendo cambios sociales importantes. Guzmán escuchó atentamente.

La política nunca le había interesado, pero el entusiasmo de su amigo de juventud era contagiante. “Juan”, le habría dicho Guzmán, “¿y cómo puedo ayudarte yo, si nunca he hecho política?”. Bosch pasó a explicarle a Guzmán cómo la muy conservadora alta sociedad de Santiago estaba aparentemente alineada con la Unión Cívica Nacional, alegadamente por la influencia de Bonnelly, quien había convocado a unas elecciones que serían celebradas el 20 de diciembre de 1962.

Bosch insistió: “Quiero que me ayudes a ganar estas elecciones. Hay que convencer a Santiago y al Cibao de que el PRD y yo mismo somos lo que le conviene al país. Aunque nunca hayas hecho política, tienes muchos amigos y todo el mundo te respeta. Tienes que explicarles a esta gente quién soy yo, tú que me conoces desde muchacho. Tenemos que ganar estas elecciones para que este país salga del atraso y la miseria; ¡tú no te me puedes negar!”.

Otras anécdotas similares, consignadas en mi reciente libro sobre Guzmán, arrojan luz sobre cuán intenso fue Bosch. Cualquiera se pregunta cómo habría sido la vida de don Antonio si la terca insistencia de don Juan no lo convence de entrar en política.