Dagoberto y el origen de “Los Indios” en el Carnaval dominicano

Dagoberto y el origen de “Los Indios” en el Carnaval dominicano

Marivel Contreras

La historia dominicana se ha ido engrosando en la medida en que hemos ido reconstruyendo el pasado, identificando los contextos, procesos y contenidos que nos han influenciado en la conformación de nuestra identidad.

Para poder contar con mirada global, sobre los pobladores nativos y el indigenismo en la isla, en la que todavía caben muchas investigaciones, reflexiones y propuestas, es vital este tipo de publicaciones, que nos permite tener una idea más acabada de nuestra cultura.

Es el planteamiento del descubrimiento desde la cuestionante de quién descubrió a quien, como dijera el afamado escritor uruguayo Eduardo Galeano, citado en el mismo:

“En 1942, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América, descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que existía el pecado, descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo, y que ese dios había inventado la culpa y el vestido, y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que moja”.

Nadie en la República Dominicana se ha identificado, ha investigado, publicado y aportado más al conocimiento del carnaval que Dagoberto Tejada.

Nada sobre el mismo le ha sido ajeno, ha visitado y reafirmado su historia, contenido, de los valores, revalorización de sus líderes, aportes para la continuidad de las tradiciones y su participación directa en ensayos, desfiles y en la conformación de una entidad que rigiera y encaminara los destinos del mismo.

A él, que ha sido un abanderado de los estudios sobre nuestra identidad, ha publicado libros sobre las máscaras y su contenido, sobre las distintas formas de manifestarse el carnaval en las pueblos y regiones del país, conociendo y dando a conocer sus cultores, características de los disfraces, el trasfondo político e ideológico de cada época, y los llamados de atención que se hacen desde lo que él denomina el “espacio de libertad, del pueblo”, toca este otro aspecto, el indigenismo en relación a la conformación de la identidad y cómo este ha sido proyectado desde las comparsas y personajes de nuestra máxima expresión cultural.

“Indigenismo, Carnaval e Identidad en Dominicana” para empezar, establece que “los indios no fueron los dóciles domesticados que presenta la historia” y así va haciendo un análisis de varios hechos “mal contados” oficialmente, para dejar establecida la forma en que el indigenismo se ha mantenido como “una variable ancestral, que ha desafiado más de 500 años de historia”.

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Este estudio es abarcador y luminoso, ya que se centra en el punto de vista de “los perdedores, los esclavizados, los ninguneados”, por lo que es ideal como parámetro para continuar incentivando el proceso de descolonización mental y cultural de las nuevas generaciones.

Aunque el mismo parte desde la llegada del carnaval español y cómo se fue modificando a través del tiempo con la participación paralela de los esclavizados, parte del todo para enclavarse en el inicio de las comparsas en homenaje o representación de los nativos, centrándose en los barrios de la capital donde se inició en la década del 40, en medio de la dictadura de Trujillo.

Específicamente, se centra en la Comparsa de los Indios de San Carlos, y en cómo a través de un proceso de distorsión de la historia realizado por Trujillo en medio de su xenofobia implementó la ideología de que los dominicanos eran resultado de la herencia española con los nativos, socavando la herencia africana.

Eso dio como resultado, que el pueblo espontáneamente empezara a incorporar la presencia taína o indígena en el carnaval dominicano, como explica Dagoberto:

“Cuando el indigenismo se convirtió en mitología y su concreción se tornó en necesidad, dado que era un indigenismo sin indios, solo con un pasado idealizado, a nivel popular, el carnaval posibilitó el milagro de su presencia”.

Fue el momento en que la sociedad, principalmente a través de las artes y la clasificación racial a través de los tonos de color indio en las cédulas de identidad, fue víctima de un racismo orquestado desde el poder..

Tejada establece que la presencia indígena en el carnaval dominicano se inició con la Comparsa los Indios de San Carlos” que ha sido, según explica:

“Depositaria de un proceso de afianzamiento de identidad nacional, como reafirmación de una conciencia política con una simbolización nacionalista, con un mensaje subliminal subversivo, en un espacio de resistencia , como prefacio de respuestas contestatarias, de luchas, en búsqueda de libertad, en un contexto represivo trujillista”.

En relación a las comparsas, va identificando pueblos, provincias y personalidades de la vida pública o del pueblo que han encarnado con mayor pasión, influencia y efectividad los personajes indígenas, especialmente a “Lilo”, quien fue responsable de la creación de al menos 5 comparsas de carácter históricas en por lo menos 5 barrios del casco urbano y otros barrios de lo que es hoy Santo Domingo Este.

Uno de los mayores aportes de esta investigación es la recuperación de la teatralidad en el carnaval dominicano, que se ha ido minando en extensión en las últimas décadas y la conformación y escenificación del “Drama de los Indios de Quisqueya”, texto colectivo basado en hechos históricos, que por primera vez se publica completo.

Esta investigación permite hacer un recorrido histórico por momentos especiales donde el carnaval y las comparsas indigenistas sirvieron de apoyo a denuncias y causas sociales: “empezando por los Indios de San Carlos y el papel que jugó el teatro para introducir subrepticiamente la protesta en medio del yugo totalitarista”.

La reminiscencia oficial del indígena en el régimen de Trujillo hizo que la población lo representara en el carnaval estratégicamente con la pieza “Los indios de Quisqueya”.

Tejada agrega valor a su investigación al contar acerca de los caciques y su extraordinario coraje y además hace un inventario sobre la literatura escrita hasta la fecha sobre los taínos, caribes y ciguayos, sin dejar de lado los trabajos de los primeros cronistas de La Hispaniola.

Esta investigación rigurosa, recupera también sonidos, instrumentos musicales y tradiciones orales en relación al carnaval, lo que la convierte en una fuente a ser consultada por otros académicos y por las propias comparsas que quieran reinsertar en su propuesta, elementos originarios de esta iniciativa de “Los Indios de San Carlos”.

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