Dando un viaje hacia ninguna parte

REGINALDO ATANAY
Nueva York.-
No es costumbre mía, cuando le echo dedo a la tecla, hablar en primera persona; suena egoísta… con toques de engreimiento… y un no se qué de qué se yo. Pero a veces es necesario hacerlo, para darle firmeza a lo que se quiere decir.

Suele ser como aquello de echar un ¡carajo! o “un sanantonio” para darle fuerza a una idea expresada.

Hace tiempo que estoy paseando conmigo mismo por distintas partes. En lo etéreo, ¡claro! que sale barato y no tiene límite de espacio y tiempo. Ese es un ejercicio que expande al Yo. O mejor dicho: lo pone en su lugar correcto, que es la universalidad.

Porque desde chiquitos, nos han ido estrechando el espacio de acción; y tanto nos lo han hecho padres, vecinos y padrinos, que hemos terminado por achicarnos más, nosotros mismos, el pedacito de ambiente con que nos han dejado.

Un viaje hacia ninguna parte tiene innúmeras ventajas.

Puede uno entrar y salir cuando quiera y como quiera, con alegría o sin ella; con truño, riéndose solo, o montado en un avión tan cómo y elegante… que nunca lo han construido.

Por ejemplo, entrar a la Casa Blanca de Washington, donde no es muy fácil. No entrar saltando una de las verjas, con el riesgo de que lo apaleen o tiroteen, sino llegando en un helicóptero un poquito más grande que el que le han asignado al esposo de doña Laura.

Y asomarse al cuarto ése en donde dicen que dormía el presidente Abraham Lincoln y donde, también se dice, sale el fantasma de ese grande estadista asesinado.

Por ese sitio debe andar algún duende juguetón, de esos que le han llenado el cerebro con alas de cucaracha al ex secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, quien de forma descabellada le calentó la idea al presidente George W. Bush, de que metiera y dejara por tiempo indefinido las tropas norteamericanas en Irak.

Ese mismo duende hizo que tras el descalabro electoral de los republicanos, por culpa de lo de Irak, el empecinado Rumsfeld sintiera en sí todo el peso de esa culpa, y al día siguiente del desbarajuste presentara su renuncia, cosa que el hijo de doña Bárbara (la norteamericana, no la venezolana, de Rómulo Gallegos) recibió de inmediato con alegría inmensa y, rápido le echó mano al ex secretario de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para nombrarlo sustituto del terco Rumsfeld. Siento estar y no estar en la Casa Blanca, y así pienso en el edificio cercano del Pentágono, donde chocó uno de los aviones suicidas aquel 11 de Septiembre. Justo en ese edificio era que Rumsfeld trabajaba, y de ese edificio, y del ataque terrorista aquel, se oyen consejas diciendo que allí hay “gato entre macuto”, pues según los que han visto todo aquello, se han dado explicaciones que la mente clara a veces como que no las encaja.

Pero eso, hay que dejarlo de lado, pues sea lo que sea, ya está metido en que es “secreto de Estado” hasta que dentro de algunos lustros se diga que el informe “fue desclasificado” y publiquen todos los apuntes que deben tener los que investigaron el problema.

Eso de viajar a ninguna parte… suena como a cuento de hadas y gnomos. Porque a lo mejor en ese sitio es que está el ex ciudadano de Arabia Saudita Osama bin Laden, con quien no han podido dar las autoridades de ningún sitio. Y el tipo dizque que de meses en meses envía mensajes grabados a los medios informativos, amenazando con producir más y más destrucciones, pretendiendo quizás, parecerse a un cuco feo y malo. (Su cara como que quiere ir por ese camino). A lo mejor algún día lo hallan, cual rana encantada, debajo de una piedra… o metido en una botella.

Irak tiene un montón de encantos que nada tienen que ver con el atolladero que ahora hay allí y la guerra que sostienen los iraquíes entre ellos mismos por sus fanatismos políticos-religiosos. Es una tierra de la que hablan los escritores de la Biblia, y se producen fenómenos tan extraños, como los cuentos de las Mil y Una Noches, El Ladrón de Bagdad, los ladrones y las danzarinas exóticas…

Quizás todas esas historias-leyendas hirvieron en la testa de Saddam Husseim cuando tuvo que alzar vuelo, tras la segunda invasión militar norteamericana que ultimó a sus hijos asesinos, y por poco le vuelan la cabeza al despiadado ex dictador.

Por eso, tal vez, fue que el autor de asesinatos masivos de kurdos, iraquíes, y de sus yernos, creyó que al meterse en una cueva, a manera de cangrejo, podría escapar de las huestes del señor Bush, quien a su vez pretendió completar el trabajo que allí había comenzado su padre, pocos años antes, y que no terminó, como aconsejaban las estrategias militares.

Mientras tanto… nosotros seguimos por acá: en ninguna parte.