Danilo necesita un Danilo

Hasta el momento, la campaña reeleccionista tiene de ventaja esencial la desarticulación de las fuerzas opositoras. El Danilo Medina candidato presidencial se torna vulnerable en lo concerniente a las motivaciones ciudadanas para depositar el voto a favor de una propuesta liderada por una organización que gobierna el país desde el año 2004. Por eso, el desdén hacia el PLD impacta en el aspirante, con el ineludible desafío, de mostrar niveles elementales de cohabitación con Leonel Fernández y sectores que le respaldan desde la conformación del Frente Patriótico en 1996.
Danilo Medina no es un tonto. Por el contrario, la viabilidad de su victoria necesita de una arquitectura electoral capaz de impedir que la conspiración interna estimule un terrible inmovilismo en fuerzas partidarias excluidas que sienten como urgente disminuirlo, y desde esa condición, orquestar entendimientos para cuando el actual mandatario no pueda preservarse en la dirección del Estado tenga la capacidad de seleccionar al sustituto, sin afectar las posibilidades de la franja disminuida considerablemente desde el 2012.
Desde la distancia y el análisis, los cabos sueltos de la campaña del PLD nos conducen a definir al Danilo Medina antes de mayo del 2012. Amarrador, componedor de pactos y operador de las combinaciones invisibles, pero de singular impacto en las victorias del 1996 y 2004. Por eso, aquellas habilidades no se sienten en la actual propuesta reeleccionista debido a que, el hoy presidente y candidato, no goza del tiempo para afinar una orquesta que exhibe los recursos que asigna el gobierno y carece del mensaje seductor indispensable.
Las elecciones pautadas para el 15 mayo tienden a desarrollar un interés especial en los candidatos congresuales y municipales que estarán concentrados en sus aspiraciones, articulando toda clase de amarres y pactos con fuerzas adversas, siempre y cuando crucen endosos para conseguir la victoria. Y en ese intercambio de combinaciones está el detalle porque aspirantes al Senado, Cámara de Diputados y alcaldías envueltos en las desavenencias de los dos sectores dentro del PLD tendrían la opción de priorizar lo suyo y soltar la candidatura presidencial.
En el terreno electoral Danilo Medina no tiene al Danilo/operador político para darle seguimiento a esos detalles electorales que se transforman en diabólicos cuando el día de las elecciones la ciudadanía debe seleccionar en las boletas presidenciales, congresuales y municipales. En esencia, un presidente-candidato delega los detalles de la carpintería de la campaña en un colaborador diestro en la materia, pero hacia lo interno del grupo de Danilo Medina existe la necesidad de preservar el control de la operatividad electoral en una persona del círculo primario porque los que acumularon experiencia en anteriores procesos tienen proyectos futuros y podrían dedicar tiempo en la campaña y lo suyo, y no en lo inmediato: el 15 de mayo.
La conducción de la campaña de Danilo Medina respira ante la dificultad que muestra la oposición en constituirse en punto de encuentro de la insatisfacción ciudadana. Fundamentalmente, porque el sector opositor cree que desde las páginas de los periódicos, ruedas de prensa y mostrando peledeístas que dan el salto hacia sus boletas se construye la victoria. Así no hay toro que llegue a buey.
En el litoral opositor no hay tiempo para el remate, sacar ventajas de las desavenencias en el PLD, articular las propuestas en materia de políticas públicas para diferenciarse del oficialismo, unificarse alrededor de la candidatura con mayor posibilidad y conectarse con los sectores populares. Por el contrario, el acomodo y reparto revestido de “encuestas y pactos” constituye un golpe mortal a los que creyeron que lo moderno implicaba no reproducir los vicios de siempre.
Aunque la campaña oficial no tiene un Danilo, la oposición no saca el provecho necesario.