Danilo supera juego suma cero

HECTOR  MINAYA
La política es capaz de enmendar a la aritmética en algunas ocasiones y el orden de los factores puede alterar el producto si éste es político. Y esta realidad quedó evidenciada con la salida del Gobierno del licenciado Danilo Medina, en un momento que aumentaba en su intensidad la campaña reeleccionista a favor del presidente Leonel Fernández.

Para el disgusto de los partidarios del proyecto reeleccionista, en el campo político la figura del presidente Fernández tuvo que ceder el protagonismo a Medina. De este modo se revela que muchas cosas han sucedido desde que hace dos años y tres meses Fernández asumiera el poder.

La relación Fernández-Danilo ya no es lo que era. Pero, sobre todo, está muy lejos de ser lo que pretendió últimamente mostrarse. De hecho, la opinión pública ha podido ver con nitidez dos caras bien distintas de una misma moneda llamada Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

De un lado, el líder de un país en crisis, que padece un inmovilismo y con la dificultad para adoptar cambios sociales y económicos que eviten un posible colapso. Y de otro, la figura ascendente de un dirigente que quiere mantener la confianza que el país mediante las dos últimas elecciones otorgó a su organización.

En este sentido, la apelación hecha por el licenciado Medina al anunciar su salida del tren gubernamental, de que el PLD debe seguir siendo el motor del país, debe ser reinterpretada a la luz de la actualidad, especialmente porque esta entidad va camino de experimentar un nuevo proceso de acuñación en su liderato. Esta vez la iniciativa no viene de Fernández, sino de Danilo, que parece cada vez más decidido a ejercer discretamente la centralidad que le corresponde por el peso específico dentro del conjunto partidario.

En realidad, el liderazgo de Medina tiene unos perfiles muy apropiados a las circunstancias. Estaríamos hablando de un liderazgo caracterizado por la prudencia pragmática, la sensatez y la flexibilidad de quien se muestra abierto a repartir juego y escuchar. Es el político, con excepción del extinto profesor Juan Bosch, de más éxitos internos en la historia de ese partido.

Por tal razón, para poner en orden sus cosas, Fernández necesitará del apoyo de Medina y tendrá que tenderle la mano, acción que podría ser obstruida si persiste en el horizonte el posible proyecto continuista, un factor que no suma y excluye, no obstante, la buena calificación que tiene el mandatario en la ciudadanía.

¿Debe volver Fernández? Es posible que por su buena imagen y popularidad y la capacidad constitucional que le asiste, muchos de sus correligionarios se sientan motivados y consideran que sigue siendo su mejor activo electoral. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ello podría provocar en ese partido una crisis interna de considerables proporciones.

Los que esperan el relevo, no anunciado, pero sí dado como posible desde hace tanto tiempo, estimarían que sería alterar las reglas del juego político en un partido que ha estado asociado a la modernidad y a la eficacia, y que con sus éxitos acabó con el estatus de partido mayoritario de su eterno rival, el Partido Revolucionario Dominicano.

Ellos, principalmente, los de la tendencia de Danilo, en su adentro hablan del arte del compromiso, que entienden es esencial en la dinámica de las relaciones, que por muchos años han desarrollado ambos dirigentes peledeístas.

Con la salida de Danilo del Gobierno, el mapa político en el PLD comienza a recomponerse y hace creíble una amenaza de distanciamiento; es como quemar todos los puentes a su espalda, esto es, crear una situación en la que los partidarios del proyecto reeleccionista se convenzan que si ellos siguen con este propósito, él no tendrá más alternativa que poner en práctica la amenaza planteada.

Con esta estrategia, el influyente político se libró de sucumbir en un juego suma cero, que está estructurado en forma tal que lo que gana una parte, automáticamente lo pierde la otra; y ahora Danilo busca un juego de suma variable, en el cual ambas partes puedan ganar algo simultáneamente, aún cuando una podría beneficiarse más que la otra.