Dante Curucullo hace máxima labor
dirigiendo jóvenes con talento

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POR JULIO DE WINDT
La Orquesta Sinfónica Juan Pablo Duarte del Conservatorio Nacional de Música, bajo la dirección de su titular, el maestro Dante Cucurullo, desde hace un lustro, cada año viene celebrando con éxito la temporada Manuel Simó.

Nada más justo que este festival que patrocina la entidad académica que dirige la distinguida profesora María Irene Blanco, por dos motivos: Recordar el ejemplo de un maestro excepcional y mantener la estabilidad de un organismo orquestal vital para el entrenamiento de sus alumnos en ensayos y conciertos. El Conservatorio Nacional de Música es la principal fuente de abastecimiento de la Orquesta Sinfónica Nacional.

“Manuel Simó ejerció uno de los apostolados más bellos en la enseñanza de la música. Uno de sus rasgos enaltecedores era el de proyectar al alumno el deber de transmitir sus conocimientos.

Es una oportunidad le dijo a su discípulo, el hoy maestro Dante Cucurullo: “Dante, ahora, busca a cualquier persona y enséñale lo que tú sabes”.

Simó cultivaba el buen humor como parte del amor, por eso sus clases generalmente empezaban con un chiste y terminaban con una anécdota musical. Amaba el mar, las flores, la naturaleza toda y hacía a sus alumnos tocar en sus instrumentos el canto de los pájaros.

Su discípula, la compositora Ana Silfa, recuerda cuando el Conservatorio Nacional de Música estaba situado frente al Malecón, y el maestro preguntaba a sus alumnos cuando llegaban a la clase ¿Cuántos de ustedes se detuvieron hoy a mirar el color que tenía el mar?. Y es que el músico que siente la naturaleza comunica mejor los sonidos. Manuel Simó falleció en Santo Domingo el 14 de septiembre de 1988.

Ernesto Sábato dice, “La muerte de un anciano sabio es como el incendio de una biblioteca de pensadores y poetas”. Sin embargo, la muerte de Manuel Simó se convirtió en un preludio de inmortalidad, porque sus ideas y ejemplos se perpetúan iluminados en sus obras y sus discípulos.

Considero que entre los alumnos del Maestro Simó, Dante Cucurullo es uno de los que mejor ha continuado esa labor de misionero, acompañando su trabajo con altruismo y dando oportunidad a jóvenes de talentos.

En esta quinta edición de la temporada Manuel Simó, se han descubierto como solistas a dos jóvenes de méritos incuestionables. En el primer concierto dirigido por el Maestro Cucurullo emergió de la sombra del anonimato el saxofonista Remy Vargas interpretando el difícil concierto de Bienvenido Bustamante escrito para saxo alto y orquesta, una composición excelente y virtuosística, por lo que el autor la dedicó a Tavito Vásquez.

En la segunda presentación me honré en acompañar a otra revelación en el concierto para fagot y orquesta de Mozart k291. Se trata del estudiante Eduardo Albuerne, a quien adorna su personalidad ausencia de ego, talento e intuición artística.

Cuando asistí al último Congreso de Directores de Orquesta celebrado hace unos años en Caracas, Venezuela, se concluyó que en cada país debería existir una Orquesta Sinfónica por cada millón de habitantes.

En la República Dominicana debemos cuidar esmeradamente la estabilidad de las pocas orquestas sinfónicas que tenemos, porque con una población de ocho o nueve millones, son varias las que nos faltan.

Aprovecho la oportunidad para felicitar al Maestro Dante Cucurullo por su brillante labor frente a la orquesta Juan Pablo Duarte del Conservatorio, y a la directora de ese centro docente, la profesora María Irene Blanco, por su labor en dicha institución.

Una victoria del esfuerzo y la dedicación.