Danza española, un grato espectáculo
de nostalgias y folclore

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POR ÁNGELA PEÑA
Son gráciles, ágiles en el abrir de sus abanicos y diestras para ondearlos con gracia incomparable. Sus caderas se mueven con el mismo donaire con que impulsan sus pies para lanzar al aire las anchas faldas multicolores que imprimen a sus bailes primorosos, apariencia de arco iris. Levantan sus caras con gracejo, y sus manos inquietas parecen delinear espacios imaginarios mientras el zapateo acompaña la tonada.

Ver a las alumnas de la Escuela de Danzas Españolas La Giralda, de la profesora Guillermina Maggiolo de Deive, es un grato espectáculo de nostalgias y folclore que dos veces a la semana congrega a un grupo de ciento doce bailadoras, de edades entre cuatro y setenta años. A estas últimas las llaman “las abuelas” pero sus movimientos y su salero no son inferiores a los de sus parejas más jóvenes.

Este año ensayan para su presentación estelar de graduación a efectuarse en la Casa San Pablo los días 20 y 21 de mayo, en una primera tanda para los colegios, el viernes a las 10:30 de la mañana y otra el sábado a las 8.00 de la noche para el público en general.

La profesora, que baila y se mueve con garbo y maestría mientras dirige, lleva treinta años impartiendo estas clases, primero dirigió el ballet de la Casa de España y luego el del Centro Español, de Santiago. En 1992 fundó esta Academia a la que asisten niñas y damas a bailar danza española que para doña Guillermina “es más divertida que el ballet, menos demandante, con más sentimiento y expresión, el ballet es virtuosismo, para esto hay que tener una postura determinada, unos movimientos de los brazos…”.

Es una actividad que además de imprimirles admirable gracia, sentido del ritmo, les proporciona “interacción social y, como todo arte, es una disciplina”, explica doña Guillermina. En la función que ofrecerán en la Casa San Pablo bailarán romerías, que “es la parte más religiosa de todo el folclor español, es como si fuera un culto hecho música y hecho cante. Como hay tanta carencia de valores, queremos llevar algo que tenga que ver con esa necesidad de volver a las raíces, al culto a Dios. La presentación es casi una oración. Llevamos las cuatro manifestaciones de la danza española: la clásica, la Escuela Bolera del siglo XVII, flamenco y danza regional o folclórica”, anunció la señora de Deive.

SEVILLANAS, GITANAS, ANDALUCES…

Tan atractivos como sus bailes, ritmos, posturas, movimientos de brazos, pies, caderas, sus flores en el pelo, sus tacos y cadencias, sus castañuelas, son sus trajes que recuerdan caballistas, gitanos, andaluces, sevillanos, “gente que va a la romería a caballo. Después están los trajes normales de los andaluces que han vestido España, de volantes y lunares”, manifiesta doña Guillermina.

Las Sevillanas, agrega, es el baile de “las abuelas”, que son madres jóvenes, aunque algunas ciertamente tienen nietos. Al decir de doña Guillermina, fueron “bailarinas frustradas”.

¿Qué buscan por las tardes, dos veces a la semana, poniendo de manifiesto encantos y gallardía? “Tiene que ver con el arte, la disciplina física y mental, el desarrollo de la memoria. Las danzas como la Sevillana precisan de ciertas reglas que dan disciplina”, responde la maestra.

Pero además, les permite “aprovechar mejor el tiempo que Dios les brinda pues por muy insignificante que parezca, toda actividad es provechosa” añade mientras se dirige a colocar Alegrías de la Provincia de Cádiz y a marcarles el paso a sus muchachas con voz altisonante.

Después vienen Sevillanas para la Virgen del Rocío, música que inunda el discreto escenario de tablones y espejos. La voz, como un lamento, declara que quizá todo esté dicho sobre el azul claro del cielo y el verdor de los pinos, que ya se ha descrito el embrujo de las noches rocieras despertando primaveras y que es reiterado el canto de los poetas resaltando la belleza de la luna.

Lamento, oración, remembranza, veneración, liturgia, guitarras, añoranzas se apoderan de los cuerpos y las mentes de niñas, adolescentes, madres, que con sus pronunciados aretes colgantes de colores, las abiertas rosas rojas y amarillas en el cabello recogido, las estolas y los abanicos de variados matices, ponen de manifiesto toda su donosura en un intento no sólo de llevar el ritmo a la música española sino también, como expresa doña Guillermina, en un esfuerzo “por aprender a ser felices”.