David Ortiz y la gota que derramó el vaso

Millizen Uribe

Como todo en la vida, el gobierno del presidente Danilo Medina tiene sus luces y tiene sus sombras. Tanto así, que tras casi ocho años de gobierno y dos períodos consecutivos, sus logros son varios pero el “Talón de Aquiles”, que suele ser uno, en su caso, también es diverso.
Uno de ellos es la inseguridad ciudadana. Las encuestas que gozan de mayor reconocimiento en el país como Gallup-HOY, Mark Penn y el Latinobarómetro, coinciden en que el problema de la inseguridad ciudadana es una de las principales y recurrentes preocupaciones de los dominicanos. De hecho, la Gallup más reciente indicó que para el 61%, el Gobierno no ha sido exitoso en este tema.
Por eso no entiendo por qué las autoridades gubernamentales no se han empeñado en articular un Plan de Seguridad Ciudadana, pero un plan de verdad, integral, articulado y preventivo, no operativos aislados y momentáneos, que responden a la presión mediática de un momento crítico. Este problema no se resolverá tirando la guardia a la calle ni decretando, de golpe y porrazo, que este es un país seguro.
Precisamente, la “respuesta” oficialista ha sido un guión recurrente de negar el problema y atribuirlo a la percepción ciudadana. Y me pregunto: ¿acaso no es importante el sentir ciudadano? Es como una empresa donde la clientela reporta pésimo servicio al cliente y ella, en vez de cambiar la percepción de sus compradores, se conforma con decir es percepción. ¡Obviamente, esa empresa quebrará!
Sin embargo, el atentado a David Ortiz es la gota que derramó el vaso porque, aunque tempranamente el director de la Policía, general Ney Aldrin Bautista, descartó un atraco, intentando deslindarlo de la delincuencia común y las críticas al clima de inseguridad, las mismas autoridades han señalado que es un caso de sicariato, un crimen peor que un atraco y de mayor gravedad, máxime si es cierto que se planeó desde la cárcel, un lugar donde se supone no debería delinquirse, lo que también dice mucho de la Policía, del Ministerio Público y del sistema penitenciario e influye, negativamente, en la percepción de seguridad ciudadana.
Entonces, ojalá las autoridades entiendan la inseguridad ciudadana es un cáncer que ha hecho metástasis, que suelten por un momento la agenda electoral-partidaria y se dediquen a temas como este que importan y preocupan altamente a la ciudadanía.
Que se vayan a las causas, que van desde la marginación social, hasta la corrupción e impunidad, y cuya solución demanda políticas públicas transversales. Porque, sin el mínimo ánimo de secundar campañitas montadas en contra de República Dominicana, hoy más de un dominicano se está haciendo la pregunta del millón: si eso fue a David Ortiz, ¿qué será a mí?