De aquel polvo a estos lodos

De aquel polvo a estos lodos

Si algún amargo fruto del pasado reciente puede ser hoy execrado sin juicio previo ni presunción de inocencia es la abundancia documental de que el Estado –sin poder precisarse desde cuándo- estuvo como chivo sin ley hacia su interior por ausencia de vigilancia sobre desempeños administrativos y actos de poder de los que siempre se debía, bajo el rigor de mandatos constitucionales y leyes adjetivas, rendir cuentas a las superioridades mayores.

Funcionamientos oficiales, que a la vista de un Ministerio Público que hurga minuciosamente en episodios del pasado, exponen cuantiosos daños morales y materiales a esta nación para los cuales ahora procede establecer responsabilidades de las individualidades que estuvieron a cargo.

Hubo falta sistemática de controles en la que no podían incurrir autoridades obligadas a auscultar compras, contrataciones y pagos y certificar erogaciones desde cuentas del Tesoro Nacional para garantizar el buen manejo de la cosa pública. Ahora se justificarían acciones penales contra quienes incurrieron en incumplimientos inexcusables desde el punto de vista legal.

Los hechos ahora judicializados, en medio del espanto que causan sus magnitudes, llegan a las salas judiciales recargados de agravantes por la nulidad de escrutinios y del contrapeso que por norma sustantiva correspondió, y no se ejerció, desde un Poder Legislativo reducido a la obediencia al Poder Ejecutivo.

Disputa por sello de mayoritario

Más que pretender, forzando los hechos, que les extiendan certificación como partidos con acceso a la bicoca del 80% de la partida presupuestal que pone muchos haberes en manos de quienes no siempre actúan para merecerlos, lo que deberían hacer los liderazgos que llevaron al desplome ante los votantes a sus organizaciones históricamente reconocidas es autocriticarse con muestras de arrepentimiento por estar colocados desde hace más de un cuatrienio en la vergonzosa inferioridad de aliados de poca monta.

Siglas de calado profundo en la voluntad popular que ahora solo aparecen en el encasillado de bisagras, categoría en la que todavía corren peligro de ir a menos, concedieron para mezquino provecho personal demasiado importancia a las tajadas de poder que en cada momento compraron sus lealtades.