De armamentismo, ineficacia y
pensamiento boschista

JACINTO GIMBERNARD PELLERANO
Es que cada vez que veo, en zonas de gente pudiente, la proliferación de Armerías, sabiendo además las cantidades de armas de fuego que entran por la frontera y el desparpajo con que se venden en zonas marginadas donde existen “puestos” de venta de drogas, conocidos por los habitantes del barrio -que es como un pequeño pueblo donde se sabe vida y milagros de cada cual- cada vez que veo una “armería” -repito- o me entero de la facilidad con que son negociadas armas de guerra que ingresan al país especialmente a través de Haití, pagando el importante “peaje” establecido por dominicanos poderosos, bien estrechamente conectados con militares nuestros pertenecientes a grupos de oficiales “rameados”, dentro de una cadena ascendente, que no se sabe (o no se quiere saber y divulgar) hasta dónde asciende…cada vez que tengo ante los ojos tan dramática realidad…hiervo de indignación.

No hemos inventado, y tal vez no seamos,los dominicanos los más hábiles en la corrupción, pero creo que en materia de impunidad estamos entre los primeros lugares mundiales a causa de características singulares. No se trata de que la impunidad está restringida a altos poderes solamente. A torrentes de dólares. También se produce por unos cuantos pesos, beneficios de algún tipo y hasta por hastío o amistad.

Es cierto e indudable que la Policía Nacional no está a la altura de las circunstancias que estamos viviendo. Pero la Justicia tampoco.

¿Por apatía? ¿Por desconocimiento de sus deberes ante la Nación? ¿Por dudas en cuanto a que valga la pena el intento de aplicar la ley y “hacer justicia” en un territorio donde impera la injusticia social?

Estoy convencido de la valía y óptima intención del presidente Fernández, y creo firmemente que nada le gustaría más, le satisfaría más, que hacer realidad los sueños e intenciones del recordado, del bien recordado y admirado profesor Juan Bosch, que, a medida que pasa el tiempo, lo recuerdo con mayor asombro y reverencia…Con cierto dolor porque era un hombre fuera de su tiempo y circunstancias. Siendo Presidente de la República circulaba en un Peugeot 404, sin aparataje, en su casa brindaba tostado. Algo parecido en el Palacio Nacional.

¿Era ir demasiado lejos?

Pienso que sí.

Creo que su inconcesividad extremada era peligrosa. Había olvidado -o no quería recordar- que “Natura no fecit saltus”, que la Naturaleza no hace saltos y que para todo cambio es necesario un proceso con el ritmo que demanden las circunstancias y la previa trayectoria histórica.

¿Nos quedó Juan Bosch demasiado grande, fuera de tiempo?

Hoy pienso eso.

Fernández tiene la oportunidad dorada de adecuar aquellas ideas y propósitos, sin intransigencias peligrosas pero con propósitos firmes.

Aceptamos que Bosch era intransigente y terco en sus convicciones.

Haga, Señor Presidente, lo que sea necesario para lograr lo que él, su Maestro, quería: una Patria sana, progresista y fuerte para su tamaño y necesidades.

Ciertamente él no supo, o no pudo, o no quiso, manejar flexibilidades necesarias para la permanencia en el poder. Por eso lo derrocaron.

Estos no son los mismos tiempos ni los mismos temores de nuestros vecinos del Norte, que veían el peligro de comunismo hasta en la punta enrojecida de un hot-dog.

¡Por Dios, Señor Presidente Fernández! no es ahora tiempo de reuniones, de cumbres ni seminarios, es tiempo de acción. La delincuencia estremeciente no es casual, es política. Todo tiene causas y pagos.

Piense en los aspectos válidos y útiles de Bosch.

Facta, non verba!