De banalización, borreguismo y libertad

De banalización, borreguismo y libertad

César Pérez

De banalización, borreguismo y libertad. La aparición del fenómeno urbano significó la emergencia del valor de la libertad, en sentido lato. “El aire de la ciudad hace libre” fue un aforismo muy difundido durante el periodo de disolución de las corporaciones de productores que dio paso a la ciudad comercial. Como ironía de la historia, ha sido la sociedad de masas, producida por la gran revolución urbana, el factor fundamental para que se produzca la pérdida del valor de la libertad individual que, en sus inicios, produjo la vida en ciudad, la vida urbana.

Hoy, la gente cree encontrar sentido a su existencia diluyendo su individualidad dentro y para un grupo, imponiéndose el borreguismo… y el cinismo en la generalidad de los casos. Momentos como la presente guerra de la Rusia de Putin contra Ucrania, acentúa esa tendencia.

Pienso que la propensión a la renuncia a la capacidad de pensar de manera no binaria (lo uno o lo otro) posiblemente tenga su origen en Occidente, en eso que Erich Fromm llamó el miedo a la libertad, o al deseo irrefrenable de ser como todos, del que nos habla Piccolo. Esa actitud, también nos dice de la complejidad de la inteligencia humana, porque resulta desconcertante ver cómo gente de reconocido talento para analizar circunstancias y para tomar partida de manera razonable en su escogencia de grupos o militancia política, en determinados momentos y frente algunas cuestiones toman partido de manera maniquea, como es el caso de sus posiciones sobre el conflicto bélico arriba mencionado.

Lea aquí: Rusia y Ucrania vuelven al diálogo hoy en Estambul

Cierto, la verdad, a veces, no está en ninguna parte, como respondiera Guillermo de Baskerville de Baskeville a Adso da Melk en la novela “El nombre de la rosa”, pero siempre hay una mejor forma de establecerla. En este caso, la verdad sobre las causas que han originado la referida guerra no puede establecerse limitándose a los aspectos fenomenales del problema, sino a través del conocimiento de sus causas últimas. Muchos repitan como un mantra, que la invasión del clan Putin a Ucrania fue en legítima defensa de su territorio ante la intención de la OTAN de expandirse en Ucrania. Un decepcionante y absurdo reduccionismo.

Indudablemente, la provocación de la OTAN es parte importante del conflicto. Pero la invasión no se hubiese producido sin la existencia del tipo de poder entronizado en la Rusia post soviética, sin su paranoico miedo ancestral al peligro cultural, político, militar y al eterno fantasma del “complot” de Europa occidental contra ese país. La justificada actitud de desconfianza y condena a la OTAN obnubila a muchos, pero por borreguismo o desconocimiento ignoran los costes esta catástrofe y sus causantes: el clan Putin y el militarismo europeo.

Puede leer también: Rusia advierte a la OTAN contra la hipótesis de una fuerza de pacificación